El fenómeno de El Niño avanza sin tregua en Colombia y ya golpea con fuerza la salud pública, el medio ambiente y la economía. La sequía, el calor extremo y la reducción del caudal de ríos y humedales han desatado una crisis que expertos de distintas disciplinas analizan con creciente preocupación. La médica Liliana Rojas, docente de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas; Martha Melizza Ordoñez, directora del Programa de Ingeniería Ambiental de Uniagraria; y el economista Jhon Torres, profesor de la Uniagustiniana, coinciden en que las consecuencias no dan tregua y exigen preparación inmediata.
Salud bajo amenaza: golpes de calor y enfermedades vectoriales
En el plano sanitario, el aumento de temperaturas eleva el riesgo de golpes de calor, especialmente entre los grupos más frágiles. «La deshidratación, en estos casos, puede agravar mucho más su estado de salud. Además, los grupos más vulnerables frente a este riesgo son los adultos mayores y los niños», advierte Liliana Rojas. El calor extremo no solo provoca agotamiento y deshidratación, sino que crea un ambiente propicio para la proliferación de mosquitos transmisores de dengue, chikungunya, zika y malaria. Las enfermedades vectoriales se multiplican con los acumulados de agua estancada que dejan las lluvias irregulares.
«La deshidratación, en estos casos, puede agravar mucho más su estado de salud. Además, los grupos más vulnerables frente a este riesgo son los adultos mayores y los niños»
Liliana Rojas, médica y docente de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas
Ambiente en llamas: incendios y ecosistemas al límite
Los efectos ambientales son igualmente alarmantes. Martha Melizza Ordoñez explica que uno de los impactos más visibles y graves es el aumento de los incendios forestales. «Esto ocurre por la disminución de las lluvias y el incremento de las temperaturas, que secan la vegetación y la convierten en material altamente combustible, especialmente en zonas extensas y estratégicas, como los Cerros Orientales o los bosques de la región Caribe». La sequía también causa estrés hídrico en plantas, caída prematura de hojas y menor captación de CO₂. En los cuerpos de agua, la reducción del caudal genera una crisis ecológica: «No solo afecta el volumen de agua disponible para el uso en las actividades cotidianas y productivas del ser humano, sino que, además, al haber menos caudal, disminuye el oxígeno disponible para los organismos que habitan los ecosistemas acuáticos y aumenta la concentración de contaminantes, porque se reduce la capacidad natural de dilución», detalla la experta. Los incendios forestales destruyen hábitats, erosionan suelos y reducen su capacidad de retener agua, mientras la fauna terrestre enfrenta mayor mortalidad por escasez de agua y alimento, lo que genera migraciones y disputas entre especies. «Los ecosistemas que sirven de hábitat para flora y fauna se ven profundamente afectados, y eso termina impactando también la calidad de vida de las personas», subraya Ordoñez.
«Frente a sus consecuencias, una de las más visibles y graves es el aumento de los incendios forestales. Esto ocurre por la disminución de las lluvias y el incremento de las temperaturas, que secan la vegetación y la convierten en material altamente combustible, especialmente en zonas extensas y estratégicas, como los Cerros Orientales o los bosques de la región Caribe»
Martha Melizza Ordoñez, directora del Programa de Ingeniería Ambiental de Uniagraria
«Esto no solo afecta el volumen de agua disponible para el uso en las actividades cotidianas y productivas del ser humano, sino que, además, al haber menos caudal, disminuye el oxígeno disponible para los organismos que habitan los ecosistemas acuáticos y aumenta la concentración de contaminantes, porque se reduce la capacidad natural de dilución»
Martha Melizza Ordoñez
«Los ecosistemas que sirven de hábitat para flora y fauna se ven profundamente afectados, y eso termina impactando también la calidad de vida de las personas»
Martha Melizza Ordoñez
Economía golpeada: inflación de alimentos y tarifas de energía
La menor disponibilidad de agua también presiona los precios de los alimentos. El economista Jhon Torres advierte que «esto implicaría una aceleración de la inflación. Los alimentos más expuestos serían el arroz, la papa y el plátano. El sector pecuario también enfrenta riesgo elevado en carne de res, leche y pescado». La sequía afecta los cultivos y reduce la producción agropecuaria, lo que encarece la canasta básica. Durante el fenómeno de El Niño 2015-2016, la inflación anual de alimentos en Colombia alcanzó el 18,9%, un antecedente que hoy preocupa aún más ante la magnitud del evento actual. A esto se suma que la menor generación de energía hidroeléctrica obliga a depender de plantas térmicas, más costosas, lo que dispara las tarifas de servicios públicos. La falta de lluvias además reduce la capacidad de los ecosistemas para diluir contaminantes, favoreciendo fenómenos como la eutrofización y la proliferación de algas que empeoran la calidad del agua. La crisis, advierten los especialistas, exige una respuesta coordinada de autoridades y ciudadanía para mitigar los efectos de un fenómeno que no da tregua.
«Esto implicaría una aceleración de la inflación. Los alimentos más expuestos serían el arroz, la papa y el plátano. El sector pecuario también enfrenta riesgo elevado en carne de res, leche y pescado»
Jhon Torres, economista y docente de la Uniagustiniana












