El excandidato presidencial Roy Barreras desató una fuerte controversia en el ámbito político colombiano al responsabilizar al senador Iván Cepeda y a su equipo por la derrota en la segunda vuelta electoral. A través de su cuenta en la red social X, Barreras, quien fue embajador de Colombia en Reino Unido, afirmó que la campaña de Cepeda fue “cerrada y sectaria”, lo que, según su análisis, impidió conectar con amplios sectores del electorado. La publicación, fechada el jueves 25 de junio, incluyó además un análisis del académico Richard Tamayo, que profundiza en las causas de lo que considera un fracaso de la izquierda en unos comicios que califica como “los más ganables de la historia reciente”.
Barreras, quien se presentó como candidato presidencial en la primera vuelta del 31 de mayo y, tras su fracaso, respaldó a Cepeda para la segunda vuelta, utilizó sus redes para expresar sin rodeos su diagnóstico. “Las campañas cerradas y sectarias pierden porque se encierran en sí mismas y no le hablan al resto de Colombia”, escribió, haciendo eco de un texto de Tamayo que replica conceptos como la incapacidad de la izquierda para analizar críticamente su propia moral y su tendencia a gobernar para “ciertos segmentos idealizados”. En ese análisis, Tamayo sostiene que la izquierda perdió capacidad de empatía y adherencia porque no ha entendido que el asunto revolucionario más importante en el mundo actual es el deseo, y compara su gestión con la de fuerzas como el fascismo, el sionismo y el evangelismo, que según él han sabido gestionar y producir ese deseo en la población.
Las cifras de la derrota y la respuesta de Cepeda
En la segunda vuelta presidencial, Iván Cepeda obtuvo 12.708.312 votos frente a su contrincante Abelardo de la Espriella, una cifra que, pese a ser significativa, no fue suficiente para alcanzar la presidencia. Barreras y Tamayo apuntan a fallas estructurales en la estrategia y comunicación de la izquierda, incluyendo una supuesta falta de apertura y desconexión con las aspiraciones de la clase media y las comunidades rurales. Tamayo, en su texto replicado por Barreras, se pregunta: “¿De cuándo acá resultó sospechoso e indignante que un joven mestizo, creyente y heterosexual desee endeudarse para estudiar su posgrado en administración en una universidad extranjera?”, una interrogante que busca ilustrar la desconexión con los deseos concretos de la población.
«Las campañas cerradas y sectarias pierden porque se encierran en sí mismas y no le hablan al resto de Colombia»
Roy Barreras, excandidato presidencial
La respuesta de Iván Cepeda no se hizo esperar. El martes 23 de junio, dos días antes del mensaje de Barreras, el senador y excandidato ya había salido al paso de las críticas en la misma red social. “Quien tenga que hacer reclamos por cómo se dirigió la campaña, bien puede dirigirlas a mí; único responsable de eventuales desaciertos”, escribió Cepeda, rechazando de paso “tratos inescrupulosos, marketing de imagen y demagogia barata”. En su mensaje, también denunció interpretaciones malintencionadas que, a su juicio, buscaban debilitar los reclamos legítimos de la izquierda, y recordó que el resultado electoral no debe minimizarse: “Como si 12’700.000 colombianas y colombianos fueran una insignificante fracción del país”, afirmó, reivindicando que la izquierda sigue siendo una fuerza “consciente, organizada y movilizada”.
«Quien tenga que hacer reclamos por cómo se dirigió la campaña, bien puede dirigirlas a mí; único responsable de eventuales desaciertos»
Iván Cepeda, excandidato presidencial
El cruce de declaraciones entre dos figuras emblemáticas del progresismo colombiano expone las profundas divisiones internas que dejó la derrota electoral. Mientras Barreras y Tamayo insisten en que la campaña cayó en un aislamiento autorreferencial, Cepeda defiende su gestión y el respaldo de más de doce millones de votantes, y atribuye las críticas a una lectura parcial de los resultados. El debate, que se desarrolla en el escenario público de las redes sociales, refleja la tensión entre distintas visiones sobre el rumbo que debe tomar la izquierda tras el revés electoral, en un contexto donde la oportunidad de llegar al poder se consideraba excepcional. Richard Tamayo, en su análisis, sostiene que la izquierda fue incapaz de entender que el deseo popular se moviliza desde narrativas concretas, no desde dogmas, y que esa falla le costó una elección que parecía al alcance de la mano.












