La precariedad en la dotación militar en el Cauca ha llevado a los soldados a recurrir a sus propios bolsillos para poder hacer frente a una amenaza cada vez más letal. Ante la falta de drones de reconocimiento proporcionados por el Estado, unidades del Ejército desplegadas en ese departamento se ven obligadas a hacer una “vaca” o colecta entre los mismos soldados para comprar estos equipos, necesarios para detectar las aeronaves no tripuladas cargadas de explosivos que son lanzadas por las disidencias de las Farc. La situación, revelada por un militar anónimo a Caracol Radio, evidencia una cruda realidad en el conflicto: mientras el enemigo moderniza sus tácticas con drones artesanales, los soldados deben apelar a la solidaridad de su pelotón para no quedar ciegos en el campo de batalla.
El testimonio del uniformado es revelador y pone en jaque la versión oficial. «Nos toca hacer la vaca el pelotón para comprar un dron de reconocimiento y que el pelotón tenga», confesó el soldado, quien además detalló el funcionamiento interno de esta práctica. La mecánica es simple y desoladora: cada integrante del grupo aporta entre cien y doscientos mil pesos, dependiendo de la cantidad de hombres, y el dinero se entrega al comandante del pelotón o a un soldado de confianza para que realice la compra. Incluso hay casos donde la iniciativa personal supera a la institucional, como cuando el mismo militar reveló que utilizaba su propio dron, adquirido como hobby, para cumplir labores de reconocimiento táctico: «Yo ya había comprado un dron, pero pues como hobby, ¿si me entiende? Como algo personal, pero pues yo lo estoy utilizando acá en el pelotón para hacer reconocimientos».
La comandancia reconoce la práctica pero la minimiza
Ante la difusión de estos hechos, el comandante de la Brigada Veintinueve del Ejército, general Diego Jaramillo, salió al paso para matizar la gravedad de la situación. El oficial no negó que los soldados estén recurriendo a estas colectas, pero las presentó como «iniciativas propias de los soldados por la preocupación misma de ellos de poder: ‘¿Qué puedo hacer más?'». Según Jaramillo, esta dinámica no obedece a una falta de capacidad institucional, sino al deseo de los militares de ir un paso más allá. En su declaración, el general aseguró que «no es una condición que se genere, porque cada vez que ellos van a emplear o se va a emplear una unidad para una operación, se emplean todas las capacidades», insinuando que el Estado sí provee los recursos mínimos necesarios para el desarrollo de las misiones tácticas.
«Son iniciativas propias de los soldados por la preocupación misma de ellos de poder: ‘¿Qué puedo hacer más?'»
General Diego Jaramillo, comandante de la Brigada Veintinueve del Ejército
Sin embargo, la versión del soldado contrasta fuertemente con la del alto mando. El militar afirmó que la comandancia está al tanto de la «vaca», pues en los programas de instrucción se les dice que «la seguridad de nosotros, que hay que invertir en la seguridad, que pues ya sabemos que las limitaciones de presupuesto no alcanza para darles drones a todos, mucho menos antidrones». Esta confesión deja al descubierto que, al menos de manera informal, se ha normalizado que sean los propios soldados quienes suplan las deficiencias del presupuesto militar. La crítica del uniformado se extendió incluso al material antidrón adquirido por el Estado, al calificar las pistolas antidrones como ineficaces. «Esa pistola primero que todo no sirve y pesa más que una ametralladora M60», disparó el soldado, en una dura condena a la calidad del equipamiento oficial.












