Carrascal denuncia ataque a lideresa en Nariño y vincula discurso de De La Espriella

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La representante a la Cámara por el Pacto Histórico, Mafe Carrascal, denunció este jueves a través de su cuenta oficial en X una brutal agresión física contra una lideresa social en el departamento de Nariño, al tiempo que advirtió que el lenguaje utilizado por el presidente electo Abelardo de la Espriella legitima la violencia y profundiza la deshumanización política. La congresista relató que la víctima fue golpeada, arrastrada y amenazada de muerte, sin que hasta el momento se haya revelado su identidad, y aseguró que este hecho se inscribe en un clima de creciente polarización que, según ella, tiene consecuencias directas sobre el tejido social colombiano.

En un extenso mensaje publicado en la red social, Carrascal no solo describió el ataque sino que lo vinculó directamente con la retórica que, en su opinión, ha promovido el mandatario electo. «Esta denuncia abre una puerta que Colombia no puede darse el lujo de ignorar», afirmó la representante, quien evitó atribuir responsabilidad directa a los agresores, pero señaló que el lenguaje que llama a «destriparnos y eliminar» al adversario deshumaniza y puede derivar en actos violentos. «El odio reemplaza el debate y el adversario se convierte en enemigo», añadió.

Carrascal fue contundente al advertir que este tipo de discursos no son inocentes. Recordó procesos históricos de deshumanización como los ocurridos en Ruanda, la antigua Yugoslavia y la Alemania nazi, donde el etiquetamiento del otro como «enemigo», «cucaracha» o «amenaza» precedió desplazamientos forzados, asesinatos selectivos y genocidios. «En Ruanda, los tutsis fueron llamados cucarachas durante la época del genocidio. Todo comenzó cuando una parte de la sociedad aceptó que el otro ya no era un ciudadano, sino una amenaza», escribió la congresista, subrayando que el peligro no reside solo en el acto violento en sí, sino en la legitimación social que lo antecede.

La representante también mencionó que diferentes sectores —líderes sociales, sindicalistas, periodistas y opositores políticos— han sido catalogados sistemáticamente como «enemigos», «guerrilleros» o «terroristas», etiquetas que, según ella, han precedido desplazamientos forzados y asesinatos selectivos en todo el país. «Que no se nos olvide que el caso de esta lideresa no es lo único que ha venido pasando en las últimas semanas», señaló, en alusión a una seguidilla de agresiones que, a su juicio, evidencia un patrón recurrente.

Un llamado a la responsabilidad política

Aunque evitó asignar responsabilidad directa a los perpetradores, Carrascal insistió en que el contexto discursivo importa. «No sabemos si el caso de esta lideresa fue la consecuencia de este clima que ya estamos empezando a vivir. Eso tendrá que establecerlo las autoridades competentes», afirmó. Sin embargo, fue categórica al señalar a De La Espriella: «El llamado a destriparnos y eliminemos no fue ingenuo. El señor De La Espriella está sembrando odio. Se está alimentando la idea de que quien piensa distinto no es un ciudadano, sino un enemigo al que hay que aplastar. Ese lenguaje no fue un exabrupto ni una metáfora inocente. Las palabras construyen realidades. Deshumanizan, justifican agresiones y terminan legitimando la violencia en quienes deciden llevar esos discursos a los hechos».

«Esta denuncia abre una puerta que Colombia no puede darse el lujo de ignorar»

Mafe Carrascal, representante del Pacto Histórico

En su mensaje, la congresista también cuestionó el proceso de deshumanización que, según ella, se ha instalado en la discusión pública. «Lo llaman deshumanización o estigmatización política», escribió, advirtiendo que ese lenguaje termina por justificar agresiones. «¿Qué pasa cuando dejamos de ver al otro como un contradictor y empezamos a verlo como a un enemigo?», se preguntó, en un tono que buscaba interpelar tanto a la opinión pública como a las autoridades competentes.

El Pacto Histórico, por su parte, ha emitido en días recientes comunicados exigiendo garantías para la labor política y la defensa de derechos fundamentales, en medio de un clima de polarización que parece no encontrar tregua. La denuncia de Carrascal se suma a un creciente número de reportes sobre agresiones contra activistas sociales y figuras de la oposición, un fenómeno que organizaciones de derechos humanos han documentado a lo largo del territorio nacional. Mientras las autoridades investigan lo ocurrido en Nariño, la representante dejó una advertencia que resuena más allá de las fronteras: «Antes de que sea demasiado tarde».

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