Ejercicio y peso alivian artrosis de rodilla; suplementos no tienen evidencia

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La evidencia científica más reciente, publicada en el British Journal of Sports Medicine, confirma que aliviar el dolor y mejorar la movilidad en pacientes con artrosis de rodilla es posible mediante hábitos sencillos y accesibles: ejercicio físico suave, fortalecimiento muscular y control del peso. En contraste, los suplementos de glucosamina y condroitina, que durante años se han promocionado como regeneradores del cartílago, no cuentan con respaldo suficiente para demostrar esa capacidad. La artrosis de rodilla, enfermedad degenerativa y crónica que afecta con frecuencia a personas mayores de 50 años, no tiene cura definitiva, pero sí estrategias eficaces para conservar el tejido restante y disminuir la carga sobre la articulación.

Los especialistas recomiendan actividades de bajo impacto como caminar en superficies planas, utilizar bicicleta estática, nadar o realizar ejercicios en el agua, combinadas con el fortalecimiento del cuádriceps. Este músculo, ubicado en la parte frontal del muslo, cumple un papel clave al absorber parte del esfuerzo que normalmente recae sobre la rodilla, reduciendo así la presión sobre el cartílago desgastado. Cada kilogramo adicional de peso incrementa considerablemente la carga sobre las rodillas al caminar o subir escaleras, por lo que mantener un peso saludable se convierte en una de las medidas más efectivas para frenar la progresión del daño articular.

Mitos y realidades sobre el tratamiento de la artrosis

Durante años han circulado mitos acerca de alimentos o suplementos capaces de regenerar el cartílago. La revisión del British Journal of Sports Medicine concluye que ni la glucosamina ni la condroitina logran detener la enfermedad ni reparar el tejido dañado. El objetivo real del tratamiento es conservar el cartílago existente, disminuir la inflamación y fortalecer las estructuras que rodean la rodilla. El reposo absoluto prolongado, lejos de ayudar, resulta contraproducente porque favorece la pérdida de fuerza muscular y la rigidez articular, empeorando los síntomas a largo plazo.

Además del ejercicio y el control del peso, los hábitos recomendados incluyen evitar permanecer sentado o inmóvil durante periodos largos, alternar momentos de actividad con descanso y usar calzado cómodo que amortigüe el impacto al caminar. La evidencia muestra que el ejercicio físico constante no solo disminuye significativamente el dolor, sino que mejora la función de la rodilla de manera sostenida. Ante dolor intenso, inflamación persistente, bloqueo o disminución notable de la movilidad, es fundamental consultar con un médico o fisioterapeuta para recibir una orientación personalizada y evitar complicaciones.

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