El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció su intención de posesionarse en una guarnición militar, un acto que ha calificado como «sin precedentes». Sin embargo, la historia política del país registra al menos dos mandatarios que, en circunstancias excepcionales, asumieron el cargo sin la presencia del Congreso: Tomás Cipriano de Mosquera, en dos ocasiones durante el siglo XIX, y Laureano Gómez Castro, en 1950. La propuesta de De la Espriella, quien busca «rendirle honor a los verdaderos héroes de la patria, policías y soldados», abre un debate sobre los límites y las excepciones del ceremonial constitucional.
La Constitución Política de Colombia, en su artículo 192, establece que la transmisión de mando presidencial debe realizarse en el Congreso o, en su defecto, ante la Corte Suprema de Justicia. Pese a ello, el presidente del Senado, Lidio García, ha indicado que la propuesta del mandatario electo podría ser viable si se presenta una proposición legislativa que cuente con la autorización expresa de ambas cámaras. Este mecanismo, de concretarse, marcaría una diferencia sustancial con los antecedentes históricos, donde la ruptura del orden parlamentario fue la causa y no el conducto para la excepción.
Los antecedentes: Mosquera y Gómez
El primer caso se remonta a 1861, cuando Tomás Cipriano de Mosquera se autoproclamó Presidente Provisorio tras capturar Bogotá el 18 de julio, en medio de una guerra civil que llevó a la disolución del Congreso conservador. Dos años después, el 14 de mayo de 1863, Mosquera volvió a posesionarse, pero esta vez ante la Convención de Rionegro, una Asamblea Constituyente que redactó una nueva Constitución de corte federal. En ambos escenarios, la ausencia del Congreso fue producto de la fuerza de las armas y la reconfiguración del poder político.
El segundo antecedente ocurrió el 7 de agosto de 1950, cuando Laureano Gómez asumió la presidencia en el Palacio de la Carrera, actual Casa de Nariño, ante la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia, presidida por el doctor Domingo Sarasty. La ceremonia, que contó con la presencia de magistrados, altos mandos de las Fuerzas Militares y representantes de la Iglesia católica, se realizó bajo la aplicación de un artículo supletorio de la Constitución de 1886. Este hecho fue consecuencia directa de la clausura del Congreso, ordenada el 9 de noviembre de 1949 por el entonces presidente Mariano Ospina Pérez para bloquear un juicio político. Las elecciones del 27 de noviembre de ese mismo año, marcadas por la abstención del Partido Liberal, dejaron a Gómez como candidato único.
«Vamos a hacerlo de manera diferente, como nunca se ha hecho, en una guarnición militar para rendirle honor a los verdaderos héroes de la patria, policías y soldados».
Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia
La propuesta de De la Espriella, a diferencia de los episodios de Mosquera y Gómez, no surge de una crisis institucional o de la fuerza, sino de una decisión política y simbólica que busca exaltar a la fuerza pública. Mientras que en el pasado la excepción fue impuesta por guerras civiles o estados de sitio, el actual mandatario electo pretende que el Congreso mismo autorice, mediante una proposición, el cambio de escenario para la posesión. La historia, sin embargo, demuestra que los caminos no convencionales hacia el poder en Colombia siempre han estado ligados a la ruptura del orden democrático, un precedente que, más allá de la voluntad del presidente, pesa sobre cualquier intento de modificar el ritual republicano.












