El Gobierno del presidente Gustavo Petro dejará como legado una ambiciosa política de reactivación férrea que, según el balance oficial del Ministerio de Transporte y la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), contempla más de 1.500 kilómetros de corredores ferroviarios que se encuentran en obras, en fase de factibilidad o en proceso de estructuración. Esta política busca modernizar la red ferroviaria del país, reducir la alta dependencia del transporte por carretera y consolidar a Colombia como un eje estratégico para la logística y la competitividad en el comercio global.
El ambicioso plan incluye un total de 12 proyectos activos o en estructuración, distribuidos en regiones clave como el Atlántico, Pacífico, Caribe, Cundinamarca y los Santanderes. Entre ellos destaca la APP La Dorada – Chiriguaná, que representa la primera gran concesión ferroviaria de carga general en 25 años, y cuyo desempeño ejemplifica el potencial del modo férreo: inicialmente movilizaba 224.000 toneladas anuales, pero para 2026 ya superaba el millón de toneladas, conectando el centro del país con la Costa Caribe. La inversión total para el corredor Bogotá-Belencito, otro de los proyectos emblemáticos, supera los 445.000 millones de pesos.
Reducción de tiempos y transformación logística
El plan no solo apunta a la carga, sino también al transporte de pasajeros. El Regiotram de Occidente, con 39,6 kilómetros y 17 estaciones, promete reducir el viaje entre Facatativá y Bogotá de tres horas a tan solo 45 minutos. De manera similar, el Tren de Zipaquirá mejorará la conectividad de la Sabana con la capital. En el ámbito de la carga, el corredor interoceánico Pacífico-Caribe, que abarca 222 kilómetros, se perfila como una de las obras más transformadoras. Al respecto, la ministra de Transporte afirmó: «El corredor interoceánico puede transformar la posición estratégica de Colombia frente al comercio global y convertir al país en un eje logístico clave para América Latina».
El reto de cambiar la matriz de transporte
El contexto que justifica esta apuesta es contundente: actualmente, solo el 10% de la carga nacional se moviliza por ferrocarril, mientras que el 84% depende de las carreteras, lo que genera altos costos logísticos y una menor competitividad. Frente a este diagnóstico, la política férrea del gobierno saliente busca sentar las bases para un cambio estructural en las próximas décadas. La estrategia, además de los proyectos de infraestructura, incluye el fortalecimiento de la gobernanza férrea, la innovación tecnológica y la formación de talento especializado, con el objetivo de que Colombia se integre de manera más eficiente a las cadenas logísticas globales. Entre los proyectos listados se encuentran también el Corredor Férreo del Atlántico, el Corredor Férreo Albania – Fundación, el Corredor Férreo del Pacífico (Buenaventura – Palmira), el Corredor Férreo Yumbo – Caimalito – La Felisa, el Corredor Férreo Villavicencio – Férreo Central, el Corredor Férreo Villavicencio – Puerto Gaitán y el Regiotram de Occidente, completando un portafolio que el Gobierno deja como hoja de ruta para la próxima administración.












