El ministro del Interior saliente, Armando Benedetti, desmintió este jueves cualquier gestión para impedir que la posesión del presidente electo Abelardo de la Espriella se realice en una guarnición militar, luego de que versiones periodísticas señalaran un supuesto lobby en el Congreso con ese propósito. En paralelo, el presidente Gustavo Petro ordenó de manera explícita que ningún establecimiento militar sirva para la ceremonia de traspaso de mando, en un nuevo capítulo de la tensión política que envuelve la transición presidencial.
Las declaraciones de Benedetti se produjeron después de que Blu Radio difundiera información sobre una presunta gestión del funcionario para evitar que la posesión del próximo mandatario se efectuara en una base militar, sede que habría sido sugerida por sectores cercanos al presidente electo. «Estoy en el epílogo del Ministerio del Interior. No me sé ni los nombres de todos los congresistas del Pacto Histórico, mucho menos los de otras bancadas», afirmó Benedetti en su cuenta oficial de X, al tiempo que aseguró que «el único trámite que adelanto en estos días es mi retiro. En política hoy soy un cadáver, ni opino», en respuesta a la periodista Camila Zuluaga.
La orden de Petro y la defensa de la Constitución
Desde su cuenta en la misma red social, el presidente saliente Gustavo Petro fue contundente al recordar que la ley establece el Congreso como sede de la posesión presidencial, tal como ocurrió con él mismo y con todos los mandatarios anteriores desde la Constitución de 1991. «Como dije, en medio de las lentejuelas del nuevo gobierno no votado por la mayoría del pueblo, la ley dice cuál es la sede del Congreso, y es en una sesión del Congreso donde el nuevo presidente debe posesionarse, tal como lo hice yo y todos los demás», escribió Petro. En una serie de mensajes, el jefe de Estado fue más allá: «Los cuarteles militares y policiales están bajo mis órdenes hasta el momento que el nuevo presidente jure, y por tanto hasta ese momento soy el comandante supremo de las fuerzas militares. Ordeno que ningún establecimiento militar sirva para una posesión de un presidente de la República de Colombia».
«Que Abelardo no me dé la mano, es más o menos, un halago, pero obedezco las leyes de la constitución de 1991»
Gustavo Petro, presidente saliente
El mandatario también advirtió que ningún oficial debe rendir honores militares a un civil hasta que este asuma la jefatura del Estado, y añadió una frase de fuerte contenido político: «La soberanía nacional ha sido quebrantada por extranjeros que usurparon el derecho del pueblo a elegir libremente». En medio de la controversia, Petro dispuso además que la espada de combate de Simón Bolívar regrese al lugar donde vivió junto a Manuela Sáenz, un gesto simbólico que se suma a la tensión del momento.
La polémica surge cuando Abelardo de la Espriella se prepara para asumir el cargo tras su victoria en las elecciones presidenciales, y la ceremonia de posesión adquiere un valor político y simbólico fundamental. Mientras el presidente electo no se ha pronunciado públicamente sobre la sede de su juramentación, desde el Gobierno saliente se insiste en el cumplimiento estricto de la Constitución, dejando claro que el Congreso es el único lugar habilitado para la transmisión del mando.












