El presidente Gustavo Petro salió al paso de las críticas que han generado sus viajes internacionales, y advirtió sobre una posible devaluación económica bajo el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella. La controversia se desató luego de que la representante electa por el Pacto Histórico, Mafe Carrascal, cuestionara a través de la red social X el costo que implicaría trasladar semanalmente a todo el gabinete a Barranquilla, si el presidente electo decide instalar allí la sede principal de su gobierno. La pregunta de Carrascal, dirigida directamente a De la Espriella, fue respondida por seguidores del mandatario electo con una comparación que encendió el debate: “Seguramente menos que los más de 80 viajes internacionales de Petro que no sirvieron de nada”.
Petro no tardó en replicar desde su cuenta oficial, defendiendo los beneficios concretos de sus desplazamientos al exterior y lanzando una severa advertencia sobre el rumbo económico que podría tomar el país a partir del 7 de agosto de 2026, fecha en la que De la Espriella asumirá la presidencia. En un extenso trino, el mandatario saliente aseguró que sus viajes trajeron resultados tangibles que impactaron positivamente en la economía nacional.
La defensa de Petro: cifras y logros internacionales
En su respuesta, el presidente Gustavo Petro enumeró los logros que atribuye a su gestión internacional. “Mis viajes internacionales trajeron aerolíneas internacionales nuevas y casi 25 millones de turistas del extranjero. Nos acercamos a 40.000 millones de dólares de divisas que fortalecieron el peso frente al dólar”, escribió. Con estas cifras, el jefe de Estado buscó contrarrestar la percepción de que sus desplazamientos fueron improductivos, destacando el impacto en el sector turístico y en la balanza cambiaria del país. La mención a los 40.000 millones de dólares en divisas se convirtió en el eje de su argumentación para demostrar que, lejos de ser un gasto superfluo, los viajes representaron una inversión con retorno económico medible.
“Mis viajes internacionales trajeron aerolíneas internacionales nuevas y casi 25 millones de turistas del extranjero. Nos acercamos a 40.000 millones de dólares de divisas que fortalecieron el peso frente al dólar”.
Gustavo Petro, presidente de Colombia
Advertencia sobre el futuro económico
Pero la réplica de Petro no se limitó a la defensa de su gestión. El mandatario también lanzó un mensaje cargado de advertencia sobre lo que, en su opinión, ocurrirá con la economía colombiana una vez que Abelardo de la Espriella asuma el poder. “Ahora vendrán devaluaciones y Abelardo ni se dará cuenta por qué”, afirmó Petro, en un tono que buscaba alertar a la ciudadanía sobre los riesgos de un cambio de rumbo en la política económica. La frase sugiere que, para el presidente saliente, los logros en materia de estabilidad cambiaria y flujo de divisas podrían revertirse bajo la nueva administración, sin que el mandatario electo identifique las causas reales de ese deterioro.
La polémica se inserta en un escenario de transición gubernamental marcado por la propuesta de De la Espriella de instalar la sede principal de su gobierno en Barranquilla, como parte de una estrategia de descentralización que, según ha planteado, busca acercar el Ejecutivo a las regiones. El presidente electo planea utilizar tecnología y una plataforma blindada de comunicaciones, pasar días en distintas regiones y liderar puestos de mando unificados, con su primer acto de gobierno previsto en La Guajira. Sin embargo, la propuesta ya genera un intenso debate político y social, con críticas centradas en los costos logísticos y operativos que implicaría mover una estructura estatal concentrada históricamente en Bogotá.
Voces expertas frente a la descentralización
El debate ha convocado la opinión de analistas que ven con escepticismo la viabilidad de la mudanza. Felipe Murillo, politólogo y profesor de la Universidad Eafit, señaló que “intentar mover una estructura asentada en la capital es como buscar mover una ballena encallada”, en referencia a la enorme inercia institucional que supone trasladar ministerios, agencias y dependencias a una ciudad que no ha sido concebida como centro del poder ejecutivo. Murillo también advirtió que “no se transfieren competencias a la alcaldía ni se crean nuevas instancias del Ejecutivo en las regiones”, lo que sugiere que la propuesta de De la Espriella podría quedarse en un gesto simbólico sin cambios profundos en la distribución del poder. En conjunto, el politólogo consideró que la iniciativa “suena deseable, pero no necesariamente lo es por los retos que implica”.
Por su parte, Diógenes Rosero, docente de la Universidad del Atlántico, identificó tres grandes retos que deberá enfrentar la administración entrante si concreta su plan. El primero es definir si el enfoque será exclusivo en Barranquilla o si se extenderá a varias regiones, lo que determinaría el alcance y la complejidad logística. El segundo desafío está relacionado con el papel de la familia Char, cuyo peso político y económico en la región resulta inevitable en cualquier iniciativa que tenga a Barranquilla como epicentro. Finalmente, Rosero cuestionó si el gobierno de De la Espriella abrirá un diálogo real con sectores políticos ajenos a sus aliados habituales, un factor clave para garantizar la gobernabilidad y la legitimidad de un proyecto de descentralización que toca intereses profundamente arraigados en la estructura del Estado colombiano.












