En un movimiento que refleja las tradicionales dinámicas de reparto del poder legislativo en Colombia, los partidos políticos con representación en la Cámara de Representantes habrían alcanzado un acuerdo para distribuir las presidencias de las siete comisiones constitucionales de cara al nuevo Congreso, que sesionará durante el periodo 2026-2030. Según información de la revista Cambio, el pacto, gestado antes de la instalación oficial del Legislativo, define que el Centro Democrático, como fuerza de gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella, se quedará con dos de esas comisiones, mientras que el Partido Conservador, el Partido Liberal, el Partido de la U y Cambio Radical obtendrán una cada una.
El acuerdo, que busca dar gobernabilidad a la administración entrante, asigna la Comisión Primera, encargada de asuntos constitucionales, y la Comisión Séptima, que aborda temas laborales y de seguridad social, al Centro Democrático. Por su parte, el Partido Conservador presidirá la Comisión Segunda, que trata relaciones internacionales, y la Comisión Tercera, de hacienda y crédito público. El Partido Liberal asumirá la Comisión Cuarta, relacionada con el presupuesto; el Partido de la U la Comisión Quinta; y Cambio Radical la Comisión Sexta, que maneja transportes y comunicaciones. Este reparto, aunque no oficializado, ha sido celebrado por las colectividades como un paso para evitar tensiones en el inicio del nuevo periodo legislativo.
Declaraciones desde el Centro Democrático
La excongresista y excandidata presidencial del Centro Democrático, Paloma Valencia, defendió el acuerdo argumentando que responde a la voluntad popular expresada en las urnas. En declaraciones a este medio, Valencia señaló que es una tradición de largos años en el Congreso que el partido de gobierno, por ser el que obtuvo la mayoría de votos, lidere las comisiones más importantes. El Centro Democrático, según cifras de la senadora, logró más de tres millones de sufragios en las elecciones, lo que lo convierte en la fuerza política más relevante del país en este momento.
“Es una tradición de demasiados años, donde quien queda de presidente es quien tiene las mayorías como partido de gobierno. En este caso es el Centro Democrático, que obtuvo más de tres millones de votos de colombianos que lo escogieron como la fuerza política más importante de Colombia. Por eso es natural que el partido esté buscando esa presidencia y lo que corresponde es que se la respeten”.
Paloma Valencia, excongresista y excandidata presidencial del Centro Democrático
Discordia en el Senado y el respaldo de Uribe
Mientras en la Cámara el acuerdo parece consolidado, la elección de la presidencia del Senado ha generado una fuerte pugna entre el Centro Democrático y el Partido de la U. El candidato del uribismo, Honorio Henríquez, enfrenta una dura competencia contra Alfredo Deluque, del Partido de la U, quien tendría un mayor respaldo entre las bancadas. A pesar de las dificultades, el expresidente Álvaro Uribe Vélez salió en defensa de Henríquez, destacando su trayectoria y capacidad de diálogo. Uribe recordó que Henríquez ha ocupado cargos como primero y segundo vicepresidente del Senado, así como presidente y vicepresidente de la Comisión Séptima, sin que existan quejas en su contra.
“Honorio Henríquez, candidato a la presidencia del Senado por el Centro Democrático, es una persona de diálogo, con una carrera probada en coherencia, transparencia y garantías para los demás. Ha sido primero y segundo vicepresidente del Senado, presidente y vicepresidente de la Comisión Séptima, sin que contra él haya quejas. Además, ha sido coherente en sus convicciones”.
Álvaro Uribe Vélez, expresidente de Colombia
El contexto de este pacto en la Cámara no puede desligarse de la reciente historia política del país. El Centro Democrático, que durante el gobierno de Gustavo Petro (2022-2026) ejerció una “ardua oposición”, ahora se ha declarado partido de gobierno para la administración de Abelardo de la Espriella. Esta transición, de la oposición al oficialismo, ha requerido acuerdos como el de las comisiones, que buscan garantizar la estabilidad legislativa. Sin embargo, la disputa por el Senado evidencia que las tensiones entre las colectividades no han desaparecido por completo, y que el nuevo Congreso enfrentará desafíos para consolidar la gobernabilidad en los próximos cuatro años.











