En una jornada que marcó un hito en la transición de gobierno, el Senado de la República eligió la noche del lunes 20 de julio de 2026 a Honorio Henríquez, del Centro Democrático, como nuevo presidente de la corporación para el primer año legislativo. La votación, que alcanzó 56 sufragios, se convirtió en el epicentro de una polémica que estalló al interior del uribismo, luego de que se conociera que la elección fue posible gracias al respaldo del Pacto Histórico, la bancada del saliente presidente Gustavo Petro. El expresidente del Senado y también miembro del Centro Democrático, Ernesto Macías, no ocultó su malestar y calificó la alianza como una traición a los principios del partido.
“Jamás imaginé al Centro Democrático aliado con el petrismo. Era preferible perder con dignidad”, escribió Macías en su cuenta de X, en un mensaje que rápidamente encendió el debate político. Sin embargo, el exsenador matizó su crítica al reconocer que, más allá de sus diferencias con la colectividad de gobierno actual, considera que Henríquez merecía presidir el Congreso por su “talante garantista”. Macías incluso sugirió que, de no prosperar el acuerdo en el Senado, el representante Daniel Briceño debería ser presidente de la Cámara.
Una alianza inesperada
La elección de Henríquez se dio en medio de una transición de gobierno que tiene como presidente electo a Abelardo de la Espriella. El Centro Democrático, que inicialmente había declarado su apoyo a De la Espriella, terminó respaldando a su propio candidato, Honorio Henríquez, quien se impuso frente a Alfredo Deluque, el aspirante impulsado por el mandatario electo. La sorpresa llegó cuando el Pacto Histórico sumó sus votos a la fórmula del uribismo, sellando así una mayoría de 56 votos en la plenaria.
Ante las críticas, el Pacto Histórico salió al paso con un comunicado en X en el que aclaró su postura: “Que nadie se equivoque. Nuestro voto fue contra Abelardo, contra el fascismo y sus abusos de poder en contra hasta de sus propios ‘aliados’. Seguimos estando en las antípodas del pensamiento con Uribe y el Centro Democrático”. La bancada petrista insistió en que su apoyo no fue al uribismo ni a Henríquez en particular, sino una jugada para impedir que el presidente electo concentrara el control del Congreso.
“No tenemos ningún acuerdo ni compromiso. El compromiso no es otro que el que nos unimos en torno a ese tema en medio de unas, diría yo, situaciones que nos llevaron a trabajar en ese sentido, cada uno independientemente”.
Honorio Henríquez, presidente del Senado electo
Henríquez, abogado oriundo de Santa Marta, Magdalena, negó de manera categórica cualquier pacto formal con el Pacto Histórico. En declaraciones a Blu Radio, aseguró que el único compromiso adquirido fue “respetar la independencia de poderes y hacerla respetar”. El nuevo presidente del Senado también defendió la tradición parlamentaria: “La tradición en el Congreso de la República, el derecho consuetudinario, lo que expresa y ha expresado es que la bancada mayoritaria de gobierno, en este caso el Centro Democrático, con diecisiete senadores, era la llamada a presidir”.
Henríquez reconoció que intentó evitar el enfrentamiento en la plenaria. “Yo traté de evitarlo muchas veces. Les dije: ‘Hombre, por favor, no lleven al Gobierno a una situación de enfrentamiento en la plenaria del Senado’. Fue lo que ocurrió anoche”, explicó, en alusión a la tensión generada por la candidatura de Alfredo Deluque, impulsada por el presidente electo Abelardo de la Espriella.
Reacciones y proyecciones
El episodio deja en evidencia las fracturas internas del Centro Democrático y la compleja geopolítica parlamentaria que se avecina en la transición. Mientras Macías lamenta la alianza con el petrismo, otros sectores del partido ven en la elección de Henríquez una oportunidad para mantener el control del Legislativo frente a un Ejecutivo entrante. Henríquez, por su parte, evitó referirse a su relación con el ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, al señalar que esa pregunta debía responderla el propio funcionario.
El Pacto Histórico también votó, según confirmó Henríquez, por el segundo vicepresidente del Senado, lo que refuerza la tesis de un bloque circunstancial para frenar a De la Espriella. La jornada del 20 de julio, lejos de cerrar las heridas, dejó abierto un nuevo capítulo en la lucha por el poder en el Congreso colombiano.











