En una votación que marcó un giro inesperado en la instalación del nuevo Congreso el pasado 20 de julio, nueve senadores habrían ignorado la disciplina partidista para inclinar la balanza a favor del candidato del Centro Democrático, Honorio Henríquez, quien se alzó con la presidencia del Senado por encima de Alfredo Deluque. Deluque, respaldado públicamente por una coalición que incluía a los partidos Liberal, Conservador, La U y Mira, llegó a sumar entre 51 y 54 apoyos declarados antes de la votación secreta, pero al final solo obtuvo 45 votos, frente a los 43 de Henríquez. La diferencia de nueve sufragios, según fuentes parlamentarias, corresponde a los senadores que habrían roto la línea de sus bancadas mientras anunciaban su respaldo a Deluque, pero en la urna optaron por el candidato opositor.
Entre los señalados, sin una confirmación oficial hasta el momento, figuran los liberales María Eugenia Lopera y Fabio Raúl Amín; los conservadores Liliana Benavides, Daniel Restrepo y Miguel Ángel Barreto; el senador de La U Antonio Correa; y tres legisladores de Alianza Verde cuyos nombres no han sido revelados. La votación, realizada en secreto, evidenció la fragilidad de los acuerdos partidistas y permitió que la alianza entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico —que votaron en bloque— se impusiera sobre la coalición de partidos tradicionales que apoyaba a Deluque. El resultado, según analistas, refleja la autonomía de los congresistas frente a las directrices de sus colectividades, en un contexto de fragmentación política que ya se anticipaba como un desafío para el nuevo gobierno.
Disciplina partidista en entredicho
El académico Andrés Sampayo, citado por El Colombiano, señaló que esta votación demuestra que el Congreso colombiano mantiene márgenes de autonomía relevantes frente al Ejecutivo, lo que obligará a la nueva administración a negociar cada proyecto de ley de manera individual, sin depender de coaliciones formales. El senador del Centro Democrático Hernán Cadavid, también en diálogo con ese medio, planteó que el resultado abre dos caminos: «Uno, que el nuevo gobierno comprenda que somos sus aliados (…) o dos, que gane la tesis de unos odiadores del Centro Democrático que están alrededor, cuyo objetivo no es vernos como aliados sino destruirnos». Las declaraciones reflejan la tensión entre el oficialismo entrante y el partido de oposición que ahora preside el Senado.
“Aquí hay dos caminos: uno, que el nuevo gobierno comprenda que somos sus aliados (…) o dos, que gane la tesis de unos odiadores del Centro Democrático que están alrededor, cuyo objetivo no es vernos como aliados sino destruirnos”
Hernán Cadavid, senador del Centro Democrático
El analista Alejandro Chalá atribuyó el desenlace a la estructura interna de los partidos: mientras el Centro Democrático y el Pacto Histórico mantuvieron la cohesión en la urna, los partidos tradicionales no lograron sostener la coherencia. El presidente electo felicitó a Henríquez por su triunfo, aunque sin mencionar su nombre en los comunicados oficiales, y el exsenador José Obdulio Gaviria aprovechó la coyuntura para pedir respeto hacia Álvaro Uribe, en medio de la disputa con el movimiento Defensores de la Patria, liderado por Abelardo de la Espriella. Por su parte, el próximo ministro del Interior, Rodrigo Lara, matizó que su administración no será «reformista» ni dependerá del Congreso, pese a que varias reformas clave requieren trámite legislativo. La votación del 20 de julio deja en evidencia que la gobernabilidad del nuevo gobierno dependerá más de la negociación caso por caso que de alianzas predecibles.












