En un giro radical frente a la política de seguridad del Gobierno saliente, el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció la implementación del Plan Patriota 2.0, una ambiciosa estrategia militar que reemplazará la “Paz Total” impulsada por Gustavo Petro. La nueva hoja de ruta, revelada antes de la posesión del mandatario, contempla el fin de los diálogos con grupos armados ilegales y apuesta por una solución militar para neutralizar al ELN, las disidencias de las Farc y el Clan del Golfo.
El anuncio representa un viraje histórico en la política de seguridad colombiana. De la Espriella, quien asumirá el poder en los próximos meses, ha declarado que la administración entrante considera fracasado el modelo de negociación que caracterizó al cuatrienio de Petro, y que ahora se impone una victoria militar sobre las organizaciones criminales. Para ello, el Plan Patriota 2.0 reactiva bombardeos tácticos, fortalece la cooperación con Estados Unidos y prioriza la inteligencia tecnológica, en un esquema que define a los grupos armados como “redes transnacionales” que amenazan la seguridad hemisférica.
Contexto histórico de una estrategia que vuelve
El primer Plan Patriota fue implementado durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) y se enfocó en desarticular a las Farc-EP mediante una reestructuración militar profunda. Como explica el experto en geopolítica Juan Camilo Ubaque, citado por Infobae Colombia, “la Operación Libertad Uno fue la punta de lanza para neutralizar el cerco estratégico proyectado por las Farc-EP desde sus conferencias séptima y octava sobre Bogotá, combinando la reestructuración militar del Plan Horizontes, el despliegue de la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra), el programa de soldados campesinos y operaciones aerotransportadas de larga distancia orientadas a destruir corredores de movilidad y finanzas ilícitas”.
Tras el gobierno de Uribe, la estrategia decayó. Iván Duque intentó reactivarla sin éxito, y Gustavo Petro la desmanteló por completo al apostar por los diálogos. Ahora, con el regreso de la doctrina de guerra, el contexto es diferente. Ubaque señala que “a diferencia del Plan Patriota, diseñado para enfrentar a un enemigo de estructura vertical, jerárquica y con doctrina maoísta de control territorial, el Plan Patriota 2.0 adapta la narrativa antiterrorista a un mapa fragmentado y multicrimen”. La nueva doctrina amplía el espectro para abarcar por igual al ELN, a las disidencias Farc y al Clan del Golfo, clasificándolos no como actores políticos o grupos criminales locales, sino como redes transnacionales que amenazan directamente la seguridad hemisférica de Estados Unidos.
Un giro en la estrategia de seguridad
La viabilidad del plan, según Ubaque, requiere una transformación profunda de la inteligencia militar. El experto advierte que se debe priorizar la inteligencia tecnológica sobre las redes humanas, debido a las denuncias de infiltración criminal en las estructuras de seguridad. La estrategia original dependía de soldados campesinos, la Fudra y operaciones aerotransportadas, pero la versión 2.0 se enmarca en el complejo de seguridad regional de EE.UU. en el Pacífico y el Caribe, y proyecta operaciones binacionales para presionar retaguardias de grupos armados en Venezuela y las fronteras amazónicas.
“Para el Plan Patriota 2.0, el conflicto ya no se tramita en una mesa de diálogo, sino que se resuelve con operaciones; la paz ha dejado de ser un fin negociable para convertirse en el resultado de la victoria militar”.
Juan Camilo Ubaque, experto en geopolítica
La declaración de Ubaque resume el espíritu de la nueva política: el diálogo queda descartado como herramienta. Aunque no se han revelado cifras concretas de presupuesto ni efectivos involucrados, el anuncio de De la Espriella ya ha generado reacciones divididas en el país. Mientras sectores de derecha y parte de la opinión pública aplauden el endurecimiento de la lucha contra el crimen organizado, organizaciones de derechos humanos advierten sobre posibles violaciones y el riesgo de repetir los excesos del primer Plan Patriota. Con el inicio de su mandato a la vuelta de la esquina, Colombia se prepara para un nuevo capítulo en su prolongado conflicto armado, esta vez enterrando la apuesta por la paz negociada.












