El presidente Gustavo Petro y el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa protagonizaron un intenso cruce de opiniones en la red social X a raíz de la inminente amenaza del fenómeno del Niño y el riesgo de racionamientos de agua en la capital colombiana. El debate surgió luego de que la gerente del Acueducto de Bogotá, Natasha Avendaño, publicara un artículo defendiendo la urgencia de completar el sistema Chingaza, que actualmente abastece al 70 por ciento de la ciudad, según su diseño original. Mientras Peñalosa respaldó con entusiasmo la necesidad de nuevas obras de infraestructura hídrica, Petro respondió con una propuesta radicalmente distinta: detener la expansión urbanística, reforestar los ecosistemas degradados y captar aguas lluvias como eje central de la estrategia.
En su intervención, Peñalosa celebró que la gerente del Acueducto señalara la necesidad de construir una segunda fase del sistema Chingaza, conocido como Chingaza 2, justo cuando se aproxima una sequía que podría llevar a racionamientos. El exalcalde, sin embargo, lanzó duras críticas al gobierno actual. “Mejor si nos cuenta qué han hecho en los últimos dos años y medio para avanzar con el proyecto. Y si nos cuenta cómo es que el gobierno de Gustavo Petro obstaculizó el proyecto —no tengo dudas de que lo hizo, pero es interesante saber cómo— y qué es lo que se requiere del nuevo gobierno para adelantar el proyecto”, escribió Peñalosa, revelando la tensión política que subyace a la discusión técnica.
La propuesta de Petro: reforestar y frenar el crecimiento urbano
El presidente Gustavo Petro respondió directamente a los planteamientos de Peñalosa con una visión que prioriza la restauración ecológica por encima de la ampliación de infraestructura gris. “Por eso solo se puede salvar la situación del agua en Bogotá sembrando de nuevo la selva donde ha sido depredada hasta alcanzar el piedemonte de la cordillera oriental. También hay que detener la expansión urbanística y usar las aguas lluvias que se deben en las épocas de invierno”, afirmó el mandatario. Petro vinculó la crisis hídrica con la deforestación de la selva amazónica, que afecta la humedad que llega a los páramos de los que depende Bogotá, y subrayó la necesidad de arborización urbana en la sabana. “Hay que sembrar muchos árboles en la sabana y Bogotá para lograr atraer más lluvia, y eso implica arborización urbana y una sabana que, en vez de potreros de engorde y nuevos barrios, se llene de árboles. La reserva Thomas Van der Hammen se vuelve esencial para atraer agua lluvia a Bogotá”, puntualizó Petro.
“El sistema Chingaza, que abastece de agua al 70% de Bogotá, aún busca completarse según su diseño original”
Natasha Avendaño, Gerente del Acueducto de Bogotá
La discusión evidencia dos modelos enfrentados para enfrentar el riesgo de desabastecimiento en una ciudad que genera más del 30 por ciento del PIB nacional y concentra al 20 por ciento de la población del país. Por un lado, la apuesta de Peñalosa y sectores tradicionales por nuevas obras de infraestructura como Chingaza 2; por el otro, la estrategia de Petro de restaurar ecosistemas, frenar el crecimiento urbano desordenado y aprovechar las aguas lluvias. El freno a la expansión urbanística y el manejo del suelo aparecen como puntos de tensión clave, en un debate que trasciende lo técnico para tocar las bases del modelo de desarrollo de la capital. Mientras el fenómeno del Niño amenaza con agravar la sequía, la pregunta sobre cómo garantizar el agua del futuro sigue sin respuesta única.












