Fundación denuncia violencia de género contra ministras designadas en Colombia

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La Fundación Mujeres por la Democracia alzó su voz mediante un comunicado público para denunciar lo que califica como violencia política de género en el tratamiento que reciben las seis ministras designadas por el presidente electo Abelardo de la Espriella, a pocos días de que asuma el poder el próximo 7 de agosto. La organización, sin respaldar ni rechazar los perfiles de las funcionarias, advierte que el debate público ha desviado su atención de las hojas de vida y planes de trabajo para concentrarse en aspectos privados como la apariencia física, las creencias religiosas o la vida personal de las mujeres nombradas para liderar carteras de alto nivel.

Las afectadas son Alexandra Falla Zerrate, Elsa Margarita Noguera, Paola Holguín Moreno, Juliana Gutiérrez Zuluaga, María Nohemí Arboleda y Viviane Morales Hoyos, quienes han sido anunciadas para dirigir los ministerios de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Transporte, Culturas, Artes y Saberes, Deporte, Minas y Energía, y Educación Nacional, respectivamente. La fundación subraya que este fenómeno no obedece a una posición frente a cada designación, sino a una preocupación por el patrón repetitivo con el que se aborda la figura de las mujeres en el poder. «No nos moviliza estar de acuerdo o en desacuerdo con cada perfil o trayectoria. Nos moviliza algo distinto: tan pronto se anuncia el nombre de una mujer para un ministerio, el debate público deja de lado lo que debería importar como su hoja de vida, su plan de trabajo, los resultados que se le van a exigir, y se concentra en quién es ella, con un nivel de descalificación que casi nunca se aplica de la misma manera a sus pares hombres», señala el texto difundido por la organización.

Llamados a un debate sin estereotipos

El comunicado, que circula en medio de la transición gubernamental, detalla tres llamados específicos para orientar la discusión pública. En primer lugar, exige que las ministras sean evaluadas por sus resultados y desempeño en la gestión, y no por imaginarios de género que las reduzcan a roles o características estereotipadas. En segundo término, insta a distinguir de manera clara entre la crítica política legítima, que cuestiona decisiones o perfiles, y la violencia simbólica que recurre a estereotipos sobre el matrimonio, la fe o la apariencia. Finalmente, advierte sobre el impacto disuasivo que este trato puede generar en otras mujeres que aspiran a ejercer liderazgo público, erosionando los avances logrados con instrumentos como la Ley de Cuotas.

«Hemos visto cómo, en cuestión de horas, la discusión sobre la idoneidad técnica de una ministra designada se convierte en juicio sobre su fe, su vida privada, su físico o su forma de hablar. Esa operación no es crítica política: es un ejercicio de violencia política por razón de género»

Fundación Mujeres por la Democracia

La organización, que se presenta como defensora de la participación femenina en la democracia, enfatiza que su denuncia no busca silenciar la crítica, sino reorientarla hacia lo que verdaderamente importa. «La crítica política no puede disfrazar la violencia simbólica. Cuestionar decisiones, perfiles o posturas es sano y necesario; recurrir a estereotipos que reducen a una mujer a su matrimonio, su fe o su apariencia no lo es», añaden en el documento. En este sentido, la fundación exige un debate público que respete el liderazgo femenino y se centre en la gestión, los resultados y el cumplimiento, rechazando sin matices cualquier forma de violencia política contra las mujeres en el escenario nacional.

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