Un balance desalentador para la infraestructura de la educación superior en Colombia dejó el gobierno del presidente Gustavo Petro al finalizar su cuatrienio. Según los informes de empalme entregados por el Ministerio de Educación al Departamento Nacional de Planeación (DNP), de un total de 122 proyectos de infraestructura educativa, 44 ni siquiera fueron iniciados, registrando un 0% de ejecución. La situación es aún más crítica si se considera que otros 62 proyectos presentan un avance inferior al 10%, lo que significa que 106 de las 122 iniciativas pasarán al próximo gobierno con una ejecución muy baja, casi nula.
La inversión total registrada para este ambicioso paquete de obras asciende a 1,79 billones de pesos, una cifra que ahora queda en el aire ante el atraso generalizado. El panorama se complica aún más debido a las discrepancias entre los reportes oficiales del Ministerio y lo presentado en las sesiones de “Empalme con el pueblo”. Mientras que los informes de empalme al DNP contabilizan 32 proyectos como terminados y 46 en curso, el Viceministerio de Educación Superior reportó en su momento 37 finalizados y 57 en ejecución, evidenciando una falta de uniformidad en los datos de cierre de gestión.
Una meta que se duplicó y se fragmentó
El origen de esta desarticulación parece estar en los constantes cambios en la medición de las metas. Inicialmente, el Plan Plurianual de Inversiones (PPI) proyectó 47 grandes proyectos, que incluían la construcción de 26 nuevas universidades o sedes, 16 complejos educativos y 5 mejoras. Sin embargo, la meta fue redondeada posteriormente a 100 proyectos y, en el inventario final de empalme, la cifra se disparó a 122. Este incremento obedece, en parte, a que se comenzaron a contabilizar como proyectos independientes distintos contratos de una misma obra, como estudios de factibilidad, diseños, dotación o construcción. Por ejemplo, la Universidad de Nariño en Tumaco aparece dividida en cuatro contratos de dotación, y la Universidad de Cundinamarca en Soacha en tres, lo que infla artificialmente el número de iniciativas pero no refleja un avance real en la entrega de infraestructura.
Dentro de este mar de proyectos, solo uno es explícitamente señalado como una universidad nueva: la Universidad del Catatumbo, en Norte de Santander. El resto corresponde a ampliaciones, nuevas sedes en zonas sin oferta universitaria o programas como Educación Superior en Tu Colegio. El cambio en la metodología de medición alteró por completo la forma de reportar los avances durante el cuatrienio, dificultando el seguimiento y la rendición de cuentas.
Ejemplos de disparidad entre inversión y obras
Dos casos emblemáticos ilustran la compleja realidad de estos proyectos. Por un lado, el Multicampus de Kennedy, en Bogotá, presenta una ejecución física del 0%, a pesar de que se han gastado 7,4 billones de pesos de los 8,2 billones asignados, lo que sugiere una inversión concentrada en trámites, diseños o compras de terreno sin que aún se haya puesto el primer ladrillo. En el extremo opuesto, el edificio de laboratorios y escuelas de la Universidad Internacional del Trópico Americano, en Yopal, reporta una ejecución de obra del 99,8%, pero solo se ha utilizado 1 billón de los 46 billones destinados, una desproporción que también genera interrogantes sobre la planificación financiera. Con 106 de los 122 proyectos en cero o con avances ínfimos, el nuevo gobierno recibirá una herencia pesada en materia de infraestructura educativa.












