Centro Democrático se desmarca de Nieto y pide respaldo a De la Espriella

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El Centro Democrático amaneció este 26 de julio con una fractura pública. Mientras el senador Rafael Nieto Loaiza, precandidato presidencial de la colectividad, aseguraba en la revista Cambio que el “uribismo le va a ganar” al “abelardismo” en la disputa por el liderazgo de la derecha, varios de sus compañeros de bancada salieron al paso para desmarcarse de sus declaraciones y reafirmar su respaldo al presidente electo Abelardo de la Espriella. A través de redes sociales, una decena de congresistas del partido de gobierno llamaron a enfocar los esfuerzos en las prioridades nacionales: seguridad, crisis energética y salud, en lugar de una confrontación directa con el nuevo mandatario.

La controversia estalló cuando Nieto, en entrevista con Cambio, afirmó que la intención del presidente electo de posesionarse en una guarnición militar “rompe la subordinación del poder militar al civil” y denunció que el abelardismo busca “desplazar al Centro Democrático” para lo cual, dijo, “es indispensable destruir al presidente Uribe, al uribismo y al Centro Democrático”. El senador advirtió que en esa pugna, el uribismo cuenta con 47 parlamentarios frente a solo seis del abelardismo, y prometió que apoyará lo que sea bueno para el país, pero sin sujetarse a una “camisa de fuerza”.

Reacciones de la bancada

Horas después, las voces de la bancada comenzaron a marcar distancia. El senador Juan Espinal fue contundente. “Respeto la posición de Rafael, pero no la comparto. Nuestro partido se ha declarado partido de Gobierno, y nuestra responsabilidad es defender los valores democráticos y respaldar al presidente De la Espriella para que Colombia avance. Es urgente recuperar la seguridad, la salud, las finanzas públicas y garantizar que el país no se apague por la crisis energética. Esa es la verdadera guerra que debemos ganar”, escribió en su cuenta de X. En la misma red social, Hernán Cadavid sentenció: “La única ‘guerra’ del Centro Democrático es contra la inseguridad y la pobreza en Colombia. Somos partido de Gobierno, sin renunciar a nuestro pensamiento, propuestas y agenda legislativa. Es lo que esperan los Colombianos y nuestros electores”.

“La guerra es contra el terrorismo, no contra un presidente con el que tenemos claras convergencias programáticas y al que el país necesita que le vaya bien.”

Andrés Forero, senador del Centro Democrático

Andrés Forero, también senador, fue en la misma línea: “La guerra es contra el terrorismo, no contra un presidente con el que tenemos claras convergencias programáticas y al que el país necesita que le vaya bien”. En la Cámara de Representantes, Santiago Castro reconoció a Nieto como un miembro valioso de la bancada, pero dejó claro que “tengo el deseo de trabajar con el Presidente Electo Abelardo de la Espriella y su gobierno en todos los proyectos que beneficien a Colombia”. Daniel Briceño, compañero de cámara, fue aún más directo: “La guerra es contra la delincuencia, no contra Abelardo”.

Las cifras de una interna

Los números que esgrimió Nieto —47 parlamentarios del uribismo frente a seis del abelardismo— revelan una correlación de fuerzas que, sin embargo, no se tradujo en una postura unificada. El Centro Democrático se declaró partido de gobierno, aunque no apoyó al aspirante del presidente electo en la elección del nuevo presidente del Congreso, que ganó el senador Honorio Henríquez. Ese episodio, sumado a las declaraciones de Nieto, dejó al descubierto diferencias estratégicas dentro de la colectividad sobre cómo encarar el gobierno de De la Espriella. Mientras unos prefieren la confrontación abierta, otros llaman a concentrarse en la agenda legislativa y en recuperar la confianza de los colombianos en medio de la crisis energética y de seguridad que azota al país.

Desde la directiva nacional del partido no hubo un pronunciamiento oficial, pero la cascada de desmarques evidenció que Nieto habla por sí mismo, no por la bancada. “Lo respeto y lo admiro, pero no lo comparto”, resumió Espinal, reflejando el sentir de una mayoría que prefiere evitar una guerra declarada con el nuevo gobierno y centrarse en lo que llaman “la verdadera guerra”: la que se libra contra la inseguridad, la pobreza y el apagón energético.

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