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¿Qué ciudad construiremos?

Por SIMÓN RAMÍREZ GONZÁLEZ

Hay un dato que me hizo detenerme esta semana.

El 91 % de los manizaleños afirma sentirse satisfecho de vivir en la ciudad y el 85 % dice sentirse orgulloso de ella. Son cifras extraordinarias que muchas ciudades del país quisieran tener. Sin embargo, esos mismos estudios muestran desafíos que no podemos ignorar: aumentó el desempleo, más ciudadanos se consideran pobres y la ciudad enfrenta una transición demográfica que obliga a pensar desde hoy el futuro que queremos construir.

Eso me llevó a hacerme una pregunta.

¿Qué ciudad construiremos?

No dentro de cuatro años.

Dentro de veinte.

Porque las ciudades no cambian únicamente cuando cambia un alcalde. Cambian cuando una generación decide cuál será su legado.

Hay algo que me duele profundamente de Manizales.

Formamos excelentes profesionales. Somos una ciudad universitaria reconocida por la calidad de su educación. Pero, al terminar sus estudios, muchos jóvenes sienten que deben buscar su proyecto de vida en otras ciudades porque aquí no encuentran las oportunidades laborales que esperaban.

Y una ciudad que educa talento, pero no logra retenerlo, empieza a perder una de sus mayores riquezas.

Ese, para mí, es uno de los debates más importantes que deberíamos dar.

No basta con preguntarnos cuántos estudiantes llegan cada semestre.

La verdadera pregunta es cuántos deciden quedarse.

Porque una ciudad no compite únicamente por atraer inversión.

También compite por conservar a su gente.

Pero mi visión de ciudad va mucho más allá del empleo.

Yo me sueño una Manizales moderna.

Una ciudad que continúe apostándole al cable aéreo como un sistema de transporte que ya demostró adaptarse a nuestra geografía y que siga creciendo con nuevas líneas que conecten mejor los territorios.

Me sueño una ciudad donde la movilidad también se piense para los adultos mayores y las personas con discapacidad, incorporando soluciones como escaleras eléctricas en sectores donde hoy las laderas siguen siendo una barrera.

Me sueño una ciudad que recupere espacios subutilizados para convertirlos en escenarios deportivos y de encuentro ciudadano. Cada metro cuadrado que hoy está vacío puede convertirse mañana en un lugar para el deporte, la cultura o la convivencia. Por ejemplo hacer un centro deportivo bajo el puente Vizcaya, simular al que hay en el sector de la Autónoma. Sería un símbolo de deporte como alternativa de salud mental en la ciudad.

También me sueño una ciudad que hable mucho más de salud mental.

El más reciente Informe de Calidad de Vida de Manizales Cómo Vamos destaca una noticia positiva: el número de suicidios registrado fue el más bajo desde 2017. Es un avance que demuestra que las estrategias de prevención pueden dar resultados y que vale la pena fortalecerlas.

Por eso creo que debemos atrevernos a innovar.

¿Por qué no pensar en escuchaderos públicos ubicados en estaciones del cable aéreo o en otros lugares de alta circulación, donde cualquier persona pueda encontrar orientación o ser escuchada antes de que un problema se convierta en una tragedia? Medellín ha desarrollado experiencias similares de atención comunitaria en salud mental que demuestran que acercar los servicios a la ciudadanía también salva vidas.

También sueño con una ciudad limpia.

Pero no creo que ese objetivo dependa únicamente de campañas pedagógicas.

La cultura ciudadana es indispensable.

La autoridad también.

Quien arroja basura en una esquina está afectando la calidad de vida de todos. Educar debe ser la primera respuesta. Sancionar, cuando sea necesario, también hace parte de construir una mejor ciudad.

Durante más de tres años he tenido la oportunidad de servir desde diferentes responsabilidades en el sector público.

Eso me ha permitido entender algo que pocas veces se ve desde afuera.

Las ciudades no cambian solamente con buenas ideas.

Cambian cuando esas ideas logran convertirse en presupuestos, los presupuestos en proyectos y los proyectos en resultados.

Ejecutar también es una forma de soñar.

Y quizá ahí está el mayor reto de nuestra generación.

Pensar menos en el periodo de gobierno y más en el proyecto de ciudad.

Porque las grandes ciudades no se definen por el número de habitantes.

Se definen por la calidad de sus decisiones.

No quiero que dentro de veinte años sigamos diciendo que Manizales es una buena ciudad intermedia.

Quiero que la miremos con la convicción de estar frente a una gran ciudad.

Una ciudad donde los jóvenes quieran quedarse.

Donde la innovación sea parte de nuestra identidad.

Donde la salud mental deje de ser un tema silencioso.

Donde el espacio público se cuide como si fuera la sala de nuestra propia casa.

Y donde cada ciudadano entienda que construir ciudad no es responsabilidad exclusiva del alcalde.

También es responsabilidad del empresario, del docente, del comerciante, del estudiante, del servidor público, del barrendero y de cada persona que decide hacer bien su parte.

Porque, al final, la mejor ciudad de Colombia no será la que tenga los edificios más altos.

Será aquella donde sus ciudadanos hayan decidido construir juntos el mejor lugar para vivir.

*Abogado – Servidor Público – Profesor – Columnista de Opinión

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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