Uso excesivo de redes sociales, un desafío de salud pública para menores, advierten expertos

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Especialistas advierten que el uso excesivo de redes sociales genera consecuencias físicas y conductuales, especialmente en menores, y lo califican como un desafío de salud pública que requiere intervención estatal y prevención temprana. Laura Pérez, psicóloga clínica, y María Camila Preciado Celis, médica general, junto con la Fundación Colegio Oficial de la Psicología, la Asociación Colombiana de Informática, Sistemas y Tecnología afines y la Organización Mundial de la Salud, han puesto sobre la mesa un análisis que abarca desde el contexto global hasta las cifras locales de Colombia. Con 5.660 millones de usuarios mensuales de redes sociales proyectados para 2026, equivalentes al 68,7% de la población mundial, y un crecimiento de casi 3.400 millones desde 2015 —un promedio de 28 millones por mes—, la magnitud del fenómeno es innegable.

A nivel físico, el tiempo prolongado frente a las pantallas deriva en alteraciones del sueño, fatiga visual, dolores de cabeza, molestias en cuello y espalda, y una disminución de la actividad física. La psicóloga Laura Pérez detalla que también se observan dificultades para mantener la atención, disminución del rendimiento académico o laboral, irritabilidad cuando no se tiene acceso al celular, necesidad constante de revisar las redes, aislamiento de las relaciones presenciales y problemas para regular el tiempo de uso. “Estas manifestaciones pueden afectar el bienestar y el funcionamiento cotidiano, especialmente cuando el uso de las redes interfiere con otras áreas importantes de la vida”, señala Pérez.

Un desafío de salud pública que trasciende lo tecnológico

En Colombia, el panorama es igualmente preocupante. El 62% de los menores accede a Internet sin supervisión adulta, y según estudios de la Fundación Colegio Oficial de la Psicología y la Asociación Colombiana de Informática, Sistemas y Tecnología, 4 de cada 10 adolescentes que se quitaron la vida tenían presencia digital relacionada con ideas suicidas. Además, el 51% de los padres desconfía de la capacidad de sus hijos para distinguir contenido real de material generado por inteligencia artificial, mientras que el 87% dialoga sobre riesgos en línea, el 37% reconoce que sus hijos usan dispositivos fuera de horarios permitidos y el 12% acepta que compartieron información privada con extraños. La médica general María Camila Preciado Celis advierte que el uso excesivo de pantallas “se ha asociado con menor capacidad de concentración, mayor impulsividad y dificultad para tolerar el aburrimiento”.

“Más que un problema tecnológico, estamos ante un desafío de salud pública que requiere atención, orientación a las familias y un abordaje preventivo desde la práctica clínica”

María Camila Preciado Celis, médica general

La OMS recomienda reducir al mínimo el tiempo de pantalla en niños pequeños y priorizar el juego activo. Preciado Celis sostiene que la prevención debe comenzar antes del nacimiento, en los controles prenatales y el primer control de salud del niño, y enfatiza la necesidad de “encontrar un equilibrio, promover hábitos saludables, establecer límites claros y garantizar que las pantallas no sustituyan las experiencias esenciales para el desarrollo infantil”. El uso problemático de tecnologías de la información se vincula con adicción, exposición a contenidos nocivos, tensiones familiares, aislamiento social y violencia entre hijos y padres. La Asociación Colombiana de Informática, Sistemas y Tecnología señala que el diseño de Instagram fomenta conductas adictivas en adolescentes y se asocia con agravamiento de depresión, trastornos alimenticios y conductas autolesivas. A junio de 2026, Facebook concentra el 75,24% de la participación de mercado global, seguida de YouTube (7,78%), Instagram (6,71%) y X (5,24%).

Aunque las redes sociales no son la única causa de estos problemas, los especialistas insisten en la necesidad de intervención estatal. Amenazas como el ciberacoso y la manipulación por cuentas falsas o gestionadas con inteligencia artificial aumentan los riesgos, mientras que la luz de las pantallas altera la producción de melatonina, hormona que regula el sueño, asociada con irritabilidad, fatiga y bajo rendimiento escolar. La proyección de 5.660 millones de usuarios en 2026 refuerza la urgencia de abordar este fenómeno desde una perspectiva integral que combine regulación, educación y acompañamiento familiar.

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