Analistas de datos desvirtuaron la denuncia del presidente Gustavo Petro sobre un presunto fraude electoral en los comicios de 2026, al demostrar que el patrón estadístico que el mandatario señaló como anómalo responde en realidad al ordenamiento de las mesas de votación por número de cédula y no a una manipulación. Petro había afirmado en un video que en 1.350 puestos de votación se registraba una concentración de votos por bloques de mesas que, según sus cálculos, solo debería darse al azar en 82 casos, interpretándolo como evidencia de fraude en beneficio de Abelardo de la Espriella. Sin embargo, consultores como Wilson Ruiz, experto en Datos y Decisiones Públicas, y Felipe Campos, gerente de Inversión y Estrategia de Alianza Valores y Fiduciaria, rebatieron esa lectura con argumentos técnicos respaldados por datos de elecciones anteriores.
La clave del desmentido radica en el método de asignación de mesas que utiliza la Registraduría. Como explicó Wilson Ruiz, la entidad no distribuye a los votantes al azar, sino que los organiza en orden ascendente según su número de cédula. Esto genera una segmentación etaria inevitable: las primeras mesas concentran a los votantes de cédulas bajas, que corresponden a personas mayores, mientras que las últimas reúnen a los de cédulas altas, es decir, jóvenes. Datos concretos muestran que en las primeras mesas del país solo el 2% de los votantes son jóvenes y el 65% supera los 56 años, mientras que en las últimas mesas el 72% son jóvenes. Este ordenamiento explica que candidatos con fuerte apoyo juvenil, como Cepeda (cerca del 60% entre 18 y 25 años), tengan resultados muy diferentes en distintas mesas de un mismo puesto de votación, al igual que De la Espriella, que obtuvo 79% entre mayores de 61 años y apenas 23% entre jóvenes.
«La Registraduría no reparte a la gente entre las mesas al azar. Reparte por número de cédula, en orden. Los números más bajos en las primeras mesas, los más altos en las últimas», señaló Wilson Ruiz, añadiendo que «si esto probara que hubo fraude, probaría que también lo hubo cuando ganamos». Además, el consultor destacó que «un indicador que marca ‘imposible’ en el 96% de los puestos, en las tres últimas elecciones, y también sobre las fechas de nacimiento, no sirve para decir que una de esas elecciones fue robada. No distingue nada».
La contundencia del análisis se refuerza con la réplica de Felipe Campos, quien aplicó exactamente el mismo test de rachas que utilizó Petro —con el mismo umbral estadístico— a las elecciones de 2022, cuando el hoy presidente resultó ganador. El resultado fue de 1.329 puestos «anómalos», muy cercano a los 1.350 reportados por Petro para 2026. «Ese patrón que usted dice que es imposible ya estaba ahí. Miré 645 puestos grandes y ordené sus mesas de la primera a la última. En la mesa 1, Petro sacaba 39%. En la mesa 30, 63%. En el mismo colegio, el mismo día, con la misma gente contando», explicó Campos.
«Le corrí a 2022 exactamente el mismo test de rachas que usted está usando, con el mismo umbral de z < -2. Resultado: 1.329 puestos anómalos. Usted reporta 1.350», detalló Felipe Campos.
Ruiz recomendó que, si se quiere investigar un posible fraude, la vía correcta no es analizar patrones de distribución por mesa, sino revisar los formularios E-14 y comparar las firmas de los jurados con los registros oficiales. También advirtió que el presidente «está mal asesorado» al basar su denuncia en un patrón que, en realidad, se repite en todas las elecciones y obedece al diseño mismo del proceso electoral. Lo que Petro consideró una anomalía matemática es, según los expertos, el resultado natural de cómo se organizan las mesas de votación en Colombia, un sistema que segmenta por edad y, por tanto, por preferencias políticas, sin que medie manipulación alguna.












