Expertos en salud han emitido una nueva recomendación dirigida a las personas mayores de 60 años: dormir entre siete y ocho horas diarias es fundamental para preservar la salud física y mental, incluso cuando los patrones de sueño cambian de forma natural con el envejecimiento. La advertencia proviene de la Oficina de Prevención de Enfermedades y Promoción de la Salud de Estados Unidos, con información respaldada por MedlinePlus, una fuente de información médica de referencia. La indicación busca desmentir el mito de que las personas mayores necesitan menos horas de descanso y recalca que la calidad del sueño sigue siendo igual de vital para el bienestar general.
De acuerdo con los especialistas, a partir de los 60 años el sueño se vuelve más ligero, con despertares nocturnos frecuentes y una tendencia a acostarse y levantarse más temprano. Además, se reduce el tiempo que se pasa en las fases profundas del descanso. Sin embargo, la necesidad biológica de dormir entre siete y ocho horas no disminuye. Dormir menos de ese rango o, por el contrario, excederlo de forma habitual —más de nueve horas— se ha asociado con un mayor riesgo de padecer demencia y otros problemas cognitivos.
La Oficina de Prevención de Enfermedades y Promoción de la Salud de Estados Unidos destacó los beneficios concretos de un buen descanso en esta etapa de la vida. “El buen descanso reduce la frecuencia de enfermedades, disminuye el estrés, mejora el estado de ánimo, permite pensar con claridad y tomar mejores decisiones”, señalaron los expertos citados. Por su parte, MedlinePlus explicó que “el sueño cambia de forma natural con el envejecimiento, volviéndose más ligero, con despertares nocturnos y una tendencia a levantarse más temprano”, un fenómeno que no debe ser motivo de alarma siempre que se cumplan las horas recomendadas.
Señales de alerta y recomendaciones prácticas
Los especialistas también identificaron una serie de señales que indican un mal descanso y que deben ser motivo de consulta profesional. Entre ellas se encuentran la dificultad para recordar conversaciones recientes, somnolencia matutina o después de las comidas, despertares con sensación de ahogo o boca seca, la necesidad de siestas largas durante el día, ronquidos intensos, movimientos bruscos mientras se duerme, micción nocturna frecuente, cambios de ánimo y menor capacidad de concentración. Ante cualquiera de estos síntomas, se recomienda acudir a un médico para descartar trastornos del sueño subyacentes.
Para mejorar la calidad del descanso, los expertos ofrecen una serie de pautas prácticas. Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, exponerse a la luz natural durante la mañana, evitar el consumo de cafeína, alcohol y comidas pesadas antes de dormir, y realizar actividad física durante el día —pero no justo antes de acostarse— son algunas de las claves. También sugieren cenar ligero, limitar el uso de pantallas al menos una hora antes de ir a la cama y acondicionar la habitación para que sea oscura, silenciosa y con una temperatura confortable. Si las dificultades persisten pese a seguir estas recomendaciones, se insiste en la importancia de consultar a un profesional de la salud.












