En su último acto público como presidente de Colombia, Gustavo Petro vivió una emotiva jornada en el Parque Principal de Soacha la noche del martes 4 de agosto de 2026, cuando su hija Antonella Petro tomó la palabra al término del discurso oficial para dedicarle un mensaje cargado de orgullo y cariño. El evento, que congregó a funcionarios del gabinete ministerial encabezados por el ministro de Educación Daniel Rojas, fue el escenario de cierre de la gestión presidencial, centrado en presentar los avances logrados en educación pública durante el mandato.
Tras las intervenciones protocolarias, Antonella Petro pidió el micrófono y, dirigiéndose a los asistentes, pronunció las palabras que se replicaron de inmediato en redes sociales: “Lo digo orgullosamente que se llama Gustavo Petro y fue nuestro presidente”. La declaración, que generó diversas reacciones en el ámbito digital, fue seguida de un estrecho abrazo entre padre e hija, sellando el momento en medio de aplausos y evidente emoción entre los presentes en el municipio cercano a Bogotá.
Un epílogo familiar en Soacha
El acto, que contó con la participación de varios integrantes del gabinete ministerial, incluyó un balance de la política educativa impulsada durante el cuatrienio. La presencia del ministro Daniel Rojas subrayó la importancia que el gobierno otorgó a este sector en su última aparición pública. Sin embargo, fue la intervención espontánea de Antonella Petro la que robó la atención y marcó el tono emotivo de la despedida, recordando el vínculo personal tras la figura presidencial.
“Lo digo orgullosamente que se llama Gustavo Petro y fue nuestro presidente”
Antonella Petro, hija del presidente
La reacción en redes sociales no se hizo esperar: mientras algunos usuarios destacaron la espontaneidad y calidez del gesto, otros lo interpretaron como un cierre simbólico de un gobierno que, en su último día de mandato, buscó resaltar los logros sociales. Con este evento, Gustavo Petro puso fin a una serie de apariciones públicas que caracterizaron su salida de la Casa de Nariño, dejando como última imagen la de un abrazo paternal en el parque principal de Soacha.










