En una decisión que refleja las profundas divisiones al interior del organismo, la Junta Directiva del Banco de la República resolvió mantener la tasa de interés de política monetaria en 12,0% durante su reunión del 31 de julio de 2026. La medida se adoptó con una votación de 4 a favor frente a 3 que pugnaban por un incremento de 50 puntos básicos, en un escenario donde la inflación total escaló de 5,8% a 6,1% entre mayo y junio del mismo año. El quórum estuvo integrado por el gerente general Leonardo Villar, el ministro de Hacienda Germán Ávila, y los codirectores César Giraldo, Mauricio Villamizar, Olga Lucía Acosta, Laura Moisá y Bibiana Taboada.
El bloque mayoritario consideró que las alzas acumuladas durante el primer semestre, que suman 275 puntos básicos, ya configuran una política restrictiva suficiente para contener las presiones inflacionarias. Por ello, abogaron por una pausa que permita verificar los efectos de los ajustes previos, sumados a la reciente apreciación del peso que podría aliviar los precios de los bienes transables. No obstante, la minoría advirtió que retrasar nuevas alzas podría encarecer el ajuste futuro, especialmente ante la elevada probabilidad —superior al 95%— de que se presente un fenómeno de El Niño fuerte o muy fuerte hacia finales del tercer trimestre, así como por los efectos del conflicto en Medio Oriente sobre los costos energéticos y de transporte.
El debate detrás de la tasa
La discusión interna estuvo marcada por el papel del salario mínimo en la dinámica inflacionaria. Mientras que tres directores del bloque mayoritario señalaron que “las presiones de oferta no tienen que ver con el aumento del salario mínimo” y que “se le ha dado excesivo protagonismo en la explicación de la inflación”, la minoría sostuvo que “el ciclo de aumentos de la tasa de política debe continuar” y que “el momento menos costoso para profundizar el ajuste es ahora”. Este último grupo alertó que si no se actúa con contundencia, será más difícil anclar las expectativas de inflación, que según los analistas se sitúan en 6,6% para diciembre de 2026 y 5,0% para diciembre de 2027; mientras que la inflación básica, sin alimentos ni regulados, se mantiene en 6,0% y se espera cierre en 6,1% este año y 4,8% el próximo.
“Combatir la inflación exclusivamente mediante políticas monetarias contractivas” sin corregir causas estructurales del aumento de precios es cuestionado
Un director (no especificado)
La mayoría también advirtió que ampliar el diferencial frente a tasas externas podría estimular operaciones financieras especulativas y generar volatilidad cambiaria. En contraste, la minoría argumentó que la desviación del tipo de cambio responde a factores idiosincráticos y a la reducción de la prima de riesgo país, y no al diferencial de tasas. El mercado laboral, por su parte, mostró una mejora: la tasa de desempleo nacional cayó a 8,0% en junio, mientras que indicadores de actividad económica como el ISE, el pulso regional, el transporte de carga y la confianza del consumidor arrojan señales mixtas. El equipo técnico del Banco proyecta un crecimiento económico de 2,5% para el cierre de 2026.
La decisión deja en evidencia la tensión entre quienes consideran que la política monetaria ya es suficientemente restrictiva y quienes apuestan por un ajuste más agresivo para contener una inflación que repuntó y cuyas expectativas a diciembre de este año superan el rango meta del Banco. Las próximas decisiones quedarán sujetas a la evolución de los datos de inflación, actividad económica y los riesgos externos, en un panorama que aún no ofrece certezas sobre la trayectoria de los precios en el corto plazo.












