Un preocupante fenómeno de reclutamiento internacional ha sido develado en las últimas horas: grupos armados ilegales colombianos, entre ellos narcotraficantes, guerrilleros y ex paramilitares, estarían enviando hombres a combatir en la guerra de Ucrania con el objetivo de perfeccionar el uso militar de drones y luego aplicar esas técnicas en ataques contra el Estado colombiano. Entre 2024 y 2025 ya se han registrado 264 ataques con estos dispositivos en el país, lo que evidencia una escalada en la capacidad ofensiva de las organizaciones criminales.
De acuerdo con informes del Ministerio de Defensa de Colombia y organismos internacionales, el entrenamiento se estaría llevando a cabo en el frente de batalla ucraniano, específicamente con la Brigada Khartiia en la localidad de Lyptsi. Allí, ex guerrilleros, ex paramilitares y ex soldados colombianos aprenden juntos técnicas avanzadas como el manejo de drones FPV, el cifrado de comunicaciones, la configuración de cargas explosivas y el uso de drones con cables de fibra óptica, una tecnología que permite evadir las contramedidas militares convencionales. Un cooperante colombiano en Ucrania, que pidió mantener su identidad en reserva, afirmó que “aquí ex paramilitares, ex guerrilleros y ex soldados luchan y aprenden juntos a manejar drones”.
Una amenaza que crece con la guerra
El fenómeno no es nuevo, pero se ha intensificado en el último año. Mientras Ucrania se ha convertido en un laboratorio de guerra de drones, los grupos ilegales colombianos han visto en ese conflicto una oportunidad para adquirir experiencia práctica que luego replican en Colombia. Un piloto colombiano de drones en Ucrania explicó que “los reclutadores de los cárteles buscan formación sobre cómo manipular y operar drones de ataque cuya agilidad los hace más difíciles de derribar”. El mismo piloto agregó que “lo que aún no saben es cómo cifrar la comunicación entre el dron y la persona que lo pilota, o cómo configurar la carga explosiva como lo hacen aquí en Ucrania”.
Elizabeth Dickinson, subdirectora para América Latina del International Crisis Group, señaló que esta situación “representa una amenaza” para la seguridad colombiana, al referirse a la pérdida del monopolio aéreo que tradicionalmente había tenido el Ejército. Las organizaciones criminales han adaptado drones comerciales para ataques precisos y difíciles de anticipar, lo que ha llevado al ministro de Defensa saliente, Pedro Sánchez, a advertir que “la industria de los drones se ha disparado y los delincuentes han adaptado la tecnología para los ataques, lo que supone un gran desafío para la supremacía aérea en el campo de batalla”.
“La industria de los drones se ha disparado y los delincuentes han adaptado la tecnología para los ataques, lo que supone un gran desafío para la supremacía aérea en el campo de batalla”.
Pedro Sánchez, ministro de Defensa saliente de Colombia
La respuesta del Estado y la cooperación internacional
Ante esta amenaza, el gobierno colombiano ha anunciado un ambicioso programa de defensa anti-drones valorado en 1.600 millones de dólares, que incluye restricciones a la importación de estos dispositivos y el desarrollo de sistemas de bloqueo de frecuencias y destrucción de los artefactos. Según cifras oficiales, el 96% de los intentos de ataques con drones han sido neutralizados en el último año. No obstante, la capacidad de adaptación de los grupos ilegales, que ya emplean cables de fibra óptica para evadir las contramedidas –técnica observada tanto en Ucrania como en Oriente Medio–, obliga a una actualización permanente de las estrategias de defensa.
En el ámbito internacional, la Unión Europea ha destinado 3.900 millones de euros a Ucrania para la compra y producción de drones, un esfuerzo que evidencia la centralidad de esta tecnología en los conflictos contemporáneos. Un funcionario ucraniano, Taras Palianytsia, perteneciente al Centro de Reclutamiento Extranjero de Ucrania, reconoció que algunos voluntarios colombianos han sido “enviados a casa” tras descubrirse sus vínculos con el crimen en Colombia. Mientras tanto, los ataques con drones continúan en regiones como la provincia del Cauca y la frontera con Ecuador, donde los grupos armados buscan erosionar la superioridad aérea del Estado. La guerra en Ucrania, lejos de ser un conflicto lejano, se ha convertido en una escuela para quienes amenazan la seguridad de Colombia.











