Una usuaria de Transmilenio denunció a través de redes sociales un caso de acoso sexual que presenció en un bus del sistema, pero su llamado de ayuda no encontró eco ni en el conductor ni en los demás pasajeros. Marcela, conocida en Instagram como @soy.maral, relató que hace unos días, alrededor de las 6:00 de la tarde, durante un trayecto hacia el centro de Bogotá, observó cómo un hombre de edad avanzada se sentó junto a una joven, le puso una mano en la pierna y le preguntó de manera intimidante “si me siento aquí, ¿no te da miedo?”. La denunciante intervino de inmediato, gritándole al agresor y pidiéndole que se retirara, pero al buscar apoyo del conductor no obtuvo respuesta y ningún pasajero se sumó a su reclamo.
Marcela viajaba con su pareja en ese momento, y al percatarse de la situación, reaccionó con vehemencia. En su relato, aseguró que le dijo al acosador “todas las groserías que conozcan, se las dije”, y que le explicó que la joven, aunque no reaccionara igual que ella, estaba claramente incómoda: “Le dije que sí estaba incómoda, que el hecho de que no estuviera reaccionando igual a mí no significaba que no lo estuviera”. El hombre se burló de la intervención e intentó acercarse de nuevo a la víctima, quien se desplazó hacia la parte delantera del bus. Al bajarse, la joven agradeció a Marcela, pero la indiferencia del resto de los pasajeros, en su mayoría hombres, según la denunciante, la marcó profundamente.
Indiferencia generalizada y normalización del acoso
La experiencia dejó a Marcela consternada no solo por el acoso en sí, sino por la falta de solidaridad colectiva. “Nadie en todo el Transmilenio, en su mayoría hombres, hicieron nada”, afirmó, y agregó: “La indiferencia me chocó muchísimo, porque no podía creer que viendo la situación claramente, la gente no hiciera absolutamente nada”. Al bajar del bus, ella y su pareja buscaron a policías y personal de Transmilenio, pero no lograron saber el destino del agresor. La denuncia, publicada en su cuenta de Instagram, generó cientos de reacciones de apoyo, pero también reveló una realidad alarmante. “Me da mucha tristeza ver esto, porque a las personas cercanas que les conté la situación la respuesta fue como de: ‘Es normal, es lo que viven las personas diariamente en Transmilenio’”, relató Marcela. Y sentenció: “Y no puedo aceptar ni creer que el acoso sea algo normal. No es normal”.
«Esto es una denuncia pública por una situación que viví hace unos días en Transmilenio»
Marcela (@soy.maral), denunciante
Los comentarios en redes sociales reflejaron la indignación colectiva. “Por más mujeres como tú, esto es lo que debe hacerse viral”, escribió una usuaria, mientras otra señaló: “Me impresiona que hay un montón de acoso en Transmilenio y el común denominador es que la gente no hace nada”. El caso pone nuevamente sobre la mesa el debate sobre la seguridad en el transporte público bogotano, donde el acoso sexual es recurrente y criticado por la falta de reacción tanto de testigos como del personal. Transmilenio tiene un protocolo establecido: el testigo o la víctima debe informar al conductor, quien activa un botón de emergencia, detiene el bus en la estación más cercana y solicita apoyo policial. También se puede denunciar llamando al 123 o acudiendo a puntos de policía judicial en portales como Américas, Norte, Calle 80 o Tunal, así como a unidades de la Fiscalía. Sin embargo, en este caso, el mecanismo no funcionó, y Marcela decidió visibilizar la falla para que su experiencia no quede en el olvido.












