De la Espriella ordena a Fuerzas Militares combatir todas las estructuras criminales

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En una jornada histórica marcada por la solemnidad militar y la tensión política, Abelardo de la Espriella se posesionó este 21 de junio de 2026 como presidente de Colombia, tras su triunfo en la segunda vuelta electoral celebrada el mismo día. El nuevo mandatario, quien recibió el bastón de mando en la Universidad Santiago de Cali (USC) y pronunció su primer discurso oficial en el Cantón Militar Pichincha de Cali, Valle del Cauca, envió un mensaje contundente a la nación: «Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad. Seré el presidente de todos colombianos, de quienes me honraron con su voto y de quienes, en ejercicio de su libertad, depositaron su confianza en otras opciones políticas». Lo acompañó en la ceremonia el vicepresidente José Manuel Restrepo, quien lideró el proceso de empalme gubernamental.

El jefe de Estado, quien se autodenomina «El Tigre» para identificarse con su proyecto de gobierno, dedicó una parte central de su alocución a desvirtuar las denuncias de presunto fraude electoral promovidas por el expresidente Gustavo Petro y el Pacto Histórico, cuestionamientos que habían generado una ola de incertidumbre en el país. «Poner en duda su legitimidad es desconocer la voluntad soberana del pueblo colombiano. Le digo a toda la ciudadanía: en el Gobierno de El Tigre se harán respetar todas las reglas de la democracia», enfatizó De la Espriella ante una concurrencia de altos oficiales y autoridades civiles. Sus palabras buscaron disipar la sombra de sospecha que se cernía sobre el proceso electoral y reafirmar el compromiso institucional con la transparencia.

Giro radical en la política de seguridad

El nuevo presidente fue explícito al trazar la hoja de ruta de su administración, anunciando un cambio drástico frente a la gestión de su antecesor. En su discurso, hizo una crítica directa a la política de seguridad del expresidente Petro y, en contraste, elogió la herencia del expresidente Álvaro Uribe Vélez. El momento de mayor intensidad se vivió cuando rindió un homenaje al senador Miguel Uribe Turbay, asesinado el 7 de junio de 2025, un crimen que estremeció la vida política nacional. «Rindo un sentido homenaje a la memoria de Miguel Uribe Turbay, asesinado por los interlocutores del régimen que gracias a Dios hoy termina», manifestó, generando una reacción mixta entre los asistentes.

La orden más categórica del día llegó dirigida a la fuerza pública. De la Espriella anunció el inicio de una ofensiva total contra el crimen organizado, el narcotráfico y las estructuras terroristas que azotan varias regiones del país. En un tono de ultimátum, declaró: «Ha llegado la hora de la recuperación total de la seguridad y de la libertad. Le imparto desde aquí a las Fuerzas Militares y de Policía la orden perentoria de combatir a todas las estructuras criminales. Los integrantes de las bandas criminales y del narcoterrorismo tienen dos caminos: someterse al imperio de la ley o enfrentar la fuerza decidida del Estado colombiano y su fuerza pública». Este anuncio marca un quiebre en la estrategia de pacificación y redefine las prioridades del Estado en materia de defensa y convivencia.

«Poner en duda su legitimidad es desconocer la voluntad soberana del pueblo colombiano. Le digo a toda la ciudadanía: en el Gobierno de El Tigre se harán respetar todas las reglas de la democracia»

Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia

En el plano económico, De la Espriella esbozó los pilares de su gestión bajo el concepto de «regeneración del país», un plan que estará liderado por el vicepresidente Restrepo y que busca transformar la economía para generar confianza en los inversionistas y crear empleos dignos. El presidente insistió en que su gobierno no será sectario y que gobernará con igual compromiso para quienes lo eligieron y para quienes optaron por otras propuestas políticas. La jornada de posesión, rodeada de simbolismo en un escenario castrense, dejó en claro que la nueva administración llega con una agenda de mano dura y un mensaje de reconciliación condicionada, estableciendo un nuevo capítulo en la historia reciente de Colombia que marcará el rumbo de los próximos cuatro años.

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