Sismo de 7,4 en Chocó reaviva protocolos de seguridad en Colombia

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El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto, con epicentro en el municipio de San José del Palmar, Chocó, reavivó la inquietud ciudadana sobre cómo actuar correctamente durante un sismo. Ante este panorama, el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger) y el Servicio Geológico Colombiano (SGC) reiteraron los protocolos de seguridad que deben seguirse para preservar la vida, recordando que la preparación previa y la respuesta adecuada son factores determinantes en emergencias de este tipo.

El movimiento telúrico, que alteró la rutina de millones de personas en todo el país, puso de nuevo sobre la mesa la necesidad de tener claras las recomendaciones oficiales, las cuales varían según el tipo de edificación y el punto donde se encuentre la persona al inicio del temblor. Las autoridades insisten en que los sismos no se pueden predecir, por lo que la mejor defensa es estar informado y contar con un plan de emergencia familiar.

Evacuación condicionada y autoprotección

Una de las directrices más importantes que se han difundido es que la evacuación no debe ser automática. Salir corriendo al sentir el primer movimiento puede ser contraproducente y aumentar el riesgo de lesiones. La decisión de evacuar debe tomarse solo si se observa daño visible en la estructura, hay riesgo inminente de colapso o se tiene identificada una ruta de evacuación segura y despejada. Para quienes se encuentren en pisos altos, especialmente en edificios de más de seis niveles, o en construcciones sismorresistentes, la recomendación principal es la autoprotección: ubicarse en una zona segura dentro de la misma edificación, lejos de ventanas, objetos que puedan caer y bajo mesas o escritorios firmes. Las autoridades desmienten la creencia popular de refugiarse bajo el marco de una puerta, a menos que este haya sido identificado previamente como un lugar seguro dentro del plan de emergencia del edificio.

Preparación previa: el mejor escudo contra el desastre

Frente a la imposibilidad de anticipar un sismo, la preparación anticipada se convierte en la herramienta más valiosa. El Idiger y el SGC recomiendan que cada familia elabore un plan de emergencia que incluya la identificación de zonas seguras dentro y fuera del hogar, la definición de rutas de evacuación y la realización periódica de simulacros. También es fundamental asegurar los muebles y objetos pesados a las paredes, despejar las salidas, conocer la ubicación de las llaves de paso de gas, agua y electricidad, y tener a la mano los números de emergencia. Como parte de esa preparación, se sugiere armar un kit de emergencia que contenga agua potable, alimentos no perecederos, linterna, radio con baterías, botiquín, silbato, medicamentos, artículos de higiene, documentos importantes en una bolsa impermeable, dinero en efectivo, cobijas y herramientas básicas. Este kit debe estar en un lugar accesible para todos los miembros de la familia.

Además de desmentir el mito del marco de la puerta, las autoridades han señalado que acciones como usar ascensores, asumir que todas las mesas protegen por igual, creer que las escaleras siempre son seguras o atribuir la seguridad a la altura del edificio —sin considerar si cumple con las normas sismorresistentes— son errores que pueden costar vidas. La altura está lejos de ser el único factor determinante: lo crucial es que la construcción haya sido diseñada y edificada bajo los estándares antisísmicos vigentes. Con el sismo del 10 de agosto aún fresco en la memoria colectiva, el llamado de las autoridades es claro: la información y la anticipación son los únicos caminos para reducir el impacto de un fenómeno natural que, por ahora, escapa a todo pronóstico. La preparación salva vidas, y nunca es tarde para empezar a planificar.

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