El dólar estadounidense abrió al alza este martes 11 de agosto, cotizando en $3.138,86, un incremento de $13,39 frente a la Tasa Representativa del Mercado (TRM) fijada en $3.125,47. La jornada cambiaria registró un máximo de $3.144 y un mínimo de $3.136 en los primeros movimientos, interrumpiendo la tendencia bajista que había marcado las sesiones previas. Este repunte se produce en un contexto de doble impacto: la desaceleración de la inflación de julio, reportada por el Dane en 6,03%, y las primeras estimaciones de daños económicos ocasionados por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el lunes 10 de agosto, con pérdidas preliminares calculadas en USD 650 millones, equivalentes a cerca del 1% del PIB.
El comportamiento del tipo de cambio refleja la reacción del mercado a estos dos factores simultáneos. Por un lado, el dato del Índice de Precios al Consumidor (IPIC) de julio mostró una desaceleración frente al mes anterior, lo que inicialmente podría haber dado señales de control inflacionario. Sin embargo, la incertidumbre generada por el sismo y sus consecuencias económicas impulsó la demanda de divisas, presionando al alza el precio del dólar. Cabe recordar que el lunes 10 de agosto la divisa había tocado mínimos no vistos desde el 31 de julio, impulsada por anuncios económicos y de seguridad del gobierno de Abelardo de la Espriella, tendencia que hoy se revierte parcialmente.
Volatilidad controlada en medio de la incertidumbre
A pesar del repunte, los analistas destacan que la volatilidad actual del mercado cambiario se sitúa en 6,23%, una cifra considerablemente inferior al 13,75% registrado como referencia en periodos anteriores, lo que sugiere una fase de relativa estabilidad. En la última semana, el dólar acumula una variación negativa del 2,33%, mientras que en términos interanuales la caída alcanza el 16,11%. Estos indicadores muestran que, pese al nuevo episodio de presión alcista, el mercado no ha entrado en un escenario de turbulencia extrema. El gobierno y los agentes económicos evalúan ahora el alcance real de los daños del terremoto y su posible impacto en las cuentas fiscales, así como la evolución de la inflación en los próximos meses, que será clave para las decisiones de política monetaria.










