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Hoy no hablo de fútbol

La tierra bramó. La muerte tocó mi puerta

Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO

Me importa poco o nada si el Once dominó a su rival en Montería y no lo liquidó. Si se enredó frente a un equipo que mira el descenso. Si estaba cansado y sin chispa.

Si Dayro si o Dayro no. Si se arrastra en la cancha, fuera de forma.

Me importa poco si sufre corriendo tras el balón, o es estético en pases y movimientos. Si Herrera logra o no gestionar su nómina, si hay vacíos técnicos en la definición.

Mi mente y mi vida, están en otras partes.

Están en mi bella Manizales. En mi Manizales del alma. Golpeada, asustada, en emergencia.

Confieso mis miedos profundos porque, durante unos segundos eternos, sentí la muerte tocando a mi puerta. Indefenso frente al vértigo que me movía el piso.

Fue duro, el sismo.

Todo se mecía, las cúpulas de los edificios bailaban lentos como un vals. La torre del aeropuerto parecía un cuerpo sin equilibrio.

Caían paredes y revoques. Brotaba el agua de las alcantarillas y las tuberías. Chillaba la gente. Corrían unos y otros, elevando plegarias al cielo, buscando refugio.

Y hasta pecadores matutinos, en trapos menores corrían, despavoridos, ante la inminencia del desastre.

Era un caos. La angustia. El miedo colectivo. Y, en medio de todo, el ulular de las sirenas que aumentaba el nerviosismo.

Esta vez los héroes del pueblo no salieron del fútbol, ni de los estadios.

Fueron los bomberos, los médicos, las enfermeras, la Defensa Civil, los policías y los espontáneos rescatistas, que, sin preguntar nombres y apellidos, se metieron en los escombros a salvar vidas.

Hoy no me importa si Campáz falló aquel gol increíble que sacó a Colombia del mundial. Si Lorenzo es, o no, un fiasco. Si Infantino es ventajoso, vitrinero y oportunista o las disputas políticas de Petro, Uribe o De la Espriella.

Tampoco me importan los mapas de calor, los partidos “eróticos” o los goles “orgásmicos”, como los denominan los locutores del presente.

Hoy me importa la vida.

Me importa la solidaridad de la gente. El coraje. El poder de resiliencia. La reconstrucción, los albergues para los sin techo.

Me deprimen los llantos en las calles, el desespero, la torre inclinada de la catedral, lugar emblemático, las ruinas de otros templos y las calles intransitables.

Hoy no quiero hablar de futbol. Quiero hablar de mi Manizales del alma.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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