Un adolescente de 13 años, identificado como Juan Pablo Sánchez de Espinel, se ha convertido en un símbolo de solidaridad y entereza en medio de la tragedia que vive el Eje Cafetero tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el pasado 10 de agosto de 2026. El menor, residente del barrio San Luis en Pereira, se unió espontáneamente a las brigadas de rescate y a los voluntarios que desde el mismo día del sismo trabajan sin descanso para remover escombros y localizar víctimas. En una entrevista concedida a un periodista argentino del canal TN Todo Noticias, Juan Pablo relató que estuvo presente en una vivienda colapsada ayudando a abrir campo para que los equipos de emergencia pudieran rescatar el cuerpo sin vida de una mujer, una labor que define como su aporte a un país que no puede quedar solo.
Con una madurez que ha conmovido a quienes lo han visto en las calles de Pereira, el adolescente explicó las razones que lo llevaron a salir de su hogar y sumarse a las tareas de búsqueda. “Porque yo no voy a dejar solo a mi país. Ningún colombiano puede dejar solo a su país”, afirmó con convicción. En sus palabras también se refleja el dolor por la devastación: “Un poco triste porque arrumado porque mi país, mi Pereira como está… prácticamente hundida, está derrumbada toda mi Pereira”. Usuarios en redes sociales han exaltado su actitud y templanza, destacando que, pese a su corta edad, no dudó en poner su esfuerzo físico al servicio de los demás en medio de la emergencia.
El balance de la tragedia en Pereira y el país
El terremoto del 10 de agosto, cuyo epicentro se sintió con mayor fuerza en el Eje Cafetero y la región Pacífico, dejó una cifra de víctimas que aún duele. Según el reporte de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) con corte a las 6:30 de la mañana del 15 de agosto, a nivel nacional se contabilizan 294 fallecidos, 3.935 heridos y 320 desaparecidos. Pereira, una de las ciudades más golpeadas, reporta 95 muertos, 259 heridos y 270 desaparecidos, de acuerdo con datos de Asocapitales. La afectación material es igualmente grave: 35.200 viviendas averiadas y 165 instituciones educativas dañadas. En otras ciudades como Cali se registran 111 fallecidos, Manizales 6, Quibdó 9 y Armenia 1, con miles de viviendas colapsadas o averiadas en cada una de ellas.
Mientras las labores de búsqueda y rescate continúan, en Pereira se han desplegado equipos especializados con apoyo de caninos para localizar a los desaparecidos. La terminal de transporte permanece cerrada y el aeropuerto de la ciudad opera con restricciones, lo que complica la logística de ayuda humanitaria. En medio de este panorama desolador, la historia de Juan Pablo Sánchez de Espinel, el adolescente que vende dulces en el barrio San Luis y que decidió ponerse al hombro una pala y sumarse a los brigadistas, ilumina la capacidad de resiliencia y solidaridad que emerge en los momentos más oscuros.
“Sí, el 10 de agosto cuando hubo el terremoto yo estaba allí atrás en una casa derrumbada, sacando escombros para que sacaran a una señora, que aunque la sacaron muerta, yo ayudé a abrir campo para que la rescataran”
Juan Pablo Sánchez de Espinel, menor voluntario










