Colombia, un país que tiembla

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Cinco grandes sismos para entender la amenaza sísmica y la memoria de un país

Del terremoto de 1906, que generó un devastador tsunami en la Costa Pacífica, al sismo de 7,4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto, la historia muestra que el país ha estado, está y seguirá estando expuesto a grandes movimientos de la tierra

La ciencia no puede decir cuándo ocurrirá el próximo, pero sí puede estudiar el pasado para conocer mejor la amenaza y reducir el riesgo

Por SAMUEL SALAZAR NIETO

Colombia volvió a sentir con fuerza el movimiento de la tierra el pasado 10 de agosto. Un sismo de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, y una profundidad de 103 kilómetros, se convirtió en el tercer evento de mayor magnitud de la historia sísmica del país, de acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano (SGC).

El terremoto dejó una huella profunda en el Chocó y produjo afectaciones en buena parte del centro y occidente de Colombia. Al cierre del 15 de agosto, el balance de la emergencia reportaba 294 personas fallecidas, 4.018 heridas y 354 rescatadas, cifras que seguían siendo objeto de actualización mientras los organismos de socorro avanzaban hacia las zonas más apartadas.

Pero el terremoto de 2026 no apareció de manera aislada en la historia geológica del país.

Colombia tiene una elevada actividad sísmica asociada, entre otros factores, a la interacción de las placas tectónicas. En el Pacífico, la placa de Nazca se hunde por debajo de la placa Suramericana, un proceso conocido como subducción y que genera una importante actividad sísmica. El SGC señala además al Pacífico colombiano, el Eje Cafetero y el borde llanero, entre otras regiones, como zonas de especial importancia dentro del panorama de amenaza sísmica.

La historia sísmica de Colombia reúne más de 80 eventos significativos documentados por el SGC desde el siglo XVII. Y entre ellos hay terremotos que cambiaron territorios, transformaron las normas de construcción, dejaron miles de víctimas y permanecen en la memoria colectiva.

Los cinco grandes sismos

El siguiente recorrido retoma la presentación realizada por el Servicio Geológico Colombiano y permite mirar, desde el presente, algunos de los terremotos de mayor magnitud que han afectado a Colombia.

El gigante de la Costa Pacífica (1906)

Magnitud 8,8 | 31 de enero de 1906

El primer lugar pertenece al terremoto ocurrido el 31 de enero de 1906, frente a las costas del Pacífico, con una magnitud estimada de 8,8 Mw.

Fue un terremoto extraordinario. El SGC lo identifica como el evento de mayor magnitud que ha afectado el territorio colombiano y registra una profundidad aproximada de 20 kilómetros.

El terremoto provocó además un tsunami. Los registros históricos indican que las olas alcanzaron alturas de entre 2 y 5 metros y afectaron la costa comprendida entre el Bajo Baudó, en Chocó, y Esmeraldas, en Ecuador.

En Colombia, las zonas más afectadas estuvieron en las costas de Cauca y Nariño. Tumaco, Francisco Pizarro, Mosquera, La Tola, El Charco, Guapi y Timbiquí aparecen entre las poblaciones que sufrieron los efectos del terremoto y, especialmente, del tsunami.

La información histórica indica que la ola

marina ingresó a zonas costeras y también produjo efectos en ríos que desembocan en el Pacífico.

Más de un siglo después, el terremoto de 1906 sigue siendo una referencia fundamental para entender la amenaza sísmica y de tsunami del Pacífico colombiano.

Un dato que dice mucho

Para entonces Colombia no contaba con una red instrumental propia capaz de registrar los terremotos como lo hace hoy. La magnitud de 8,8 corresponde a reconstrucciones realizadas a partir de información histórica y registros sismológicos internacionales.

El que sacudió el pacífico y dejó una advertencia (1979)

Magnitud 8,1 | 12 de diciembre de 1979

Diecinueve días después del terremoto que había sacudido el Eje Cafetero, otro gran terremoto estremeció el Pacífico colombiano.

El 12 de diciembre de 1979, un sismo de magnitud 8,1 Mw, con una profundidad de 23,6 kilómetros, ocurrió frente a la Costa Pacífica.

Fue un nuevo terremoto-tsunami.

El SGC registra olas de aproximadamente tres metros que afectaron la costa comprendida entre Guapi y Tumaco. El agua arrastró personas, animales, viviendas y enseres, mientras el terremoto ocasionó daños graves en poblaciones de Cauca y Nariño.

El episodio dejó una enseñanza que

continúa vigente: en el Pacífico colombiano, la amenaza sísmica está estrechamente relacionada con la posibilidad de tsunamis.

De hecho, el SGC señala que los terremotos de 1906 y 1979 son los dos grandes eventos históricos de tsunami registrados en el Pacífico colombiano y que, en conjunto, dejaron más de mil personas muertas y una enorme destrucción.

El que volvió a sacudir a Colombia (2026)

Magnitud 7,4 | 10 de agosto de 2026

A las 7:34 de la mañana del 10 de agosto, Colombia volvió a enfrentarse a uno de esos acontecimientos que quedan inscritos en la historia.

El epicentro fue en San José del Palmar, Chocó, y tuvo una profundidad de 103 kilómetros.

Con una magnitud de 7,4, el terremoto se ubicó, según el SGC, como el tercer sismo de mayor magnitud de la historia de Colombia.

Pero su importancia no se explica únicamente por el número 7,4.El movimiento fue percibido ampliamente y produjo afectaciones en territorios muy alejados del epicentro. Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Caldas, Quindío y otros departamentos reportaron daños.

En San José del Palmar, el municipio epicentral, quedaron afectadas cientos de viviendas y varias edificaciones colapsaron. La dificultad de acceso terrestre convirtió la atención de la emergencia en un desafío adicional.

En las ciudades del Eje Cafetero, el terremoto volvió a despertar una memoria que parecía pertenecer al pasado.

Para Manizales, Pereira y Armenia, la palabra terremoto nunca ha sido simplemente una palabra.

Es una experiencia colectiva.

Y es precisamente allí donde la historia de 2026 se encuentra con la de 1979 y, sobre todo, con la de 1999.

El seísmo del Bajo Baudó (2004)

Magnitud 7,2 | 15 de noviembre de 2004

El 15 de noviembre de 2004, un terremoto de magnitud 7,2 Mw tuvo su epicentro en el área de Bajo Baudó, Chocó, con una profundidad aproximada de 15 kilómetros.

El sismo fue sentido en numerosos departamentos y dejó daños particularmente importantes en Pizarro, cabecera municipal de Bajo Baudó.

Las viviendas palafíticas de madera fueron especialmente vulnerables. También se registraron daños en edificaciones, puentes y otras estructuras. En Cali se reportaron afectaciones en varias construcciones y también hubo daños en municipios del Valle del Cauca.El terremoto dejó además otro aprendizaje:

La magnitud de un sismo no determina por sí sola el nivel de destrucción.

El tipo de suelo, la profundidad, la distancia al epicentro, la calidad de las edificaciones y las condiciones particulares de cada territorio pueden hacer que un movimiento cause daños muy diferentes de un lugar a otro

El sismo que cambió la construcción del Eje Cafetero

Magnitud 7,2 | 23 de noviembre de 1979

El 23 de noviembre de 1979, un terremoto de magnitud 7,2 Mw, con una profundidad de 110 kilómetros, sacudió el Eje Cafetero y fue sentido en una extensa zona del país.

Manizales estuvo entre las ciudades más afectadas.

El SGC documenta daños severos en Manizales, Villamaría, Pácora y Chinchiná, entre otros municipios de Caldas, además de afectaciones en Risaralda, Quindío, Valle del Cauca, Antioquia y otras regiones.

En Manizales, los daños en viviendas y edificios hicieron evidente la necesidad de mejorar las prácticas constructivas.

Y aquella experiencia terminó teniendo consecuencias que trascendieron la emergencia.

El propio SGC destaca que los daños observados en la ciudad contribuyeron a evidenciar la necesidad de exigir mejores prácticas de construcción y que este aprendizaje fue utilizado posteriormente para plantear el primer código de construcciones sismorresistentes de 1984.

El terremoto no solamente destruyó edificios. También cambió la manera de construir.

Cuando 6,1 puede ser más devastador que 7,2

La historia del terremoto del Eje Cafetero de 1999

Aquí aparece una de las grandes lecciones de la historia sísmica colombiana.

El 25 de enero de 1999, un terremoto de magnitud 6,1 Mw sacudió el Eje Cafetero.

No fue uno de los cinco eventos de mayor magnitud incluidos en el recorrido del SGC.

Pero sí fue uno de los más devastadores.

El epicentro estuvo cerca de Córdoba, Quindío, a una profundidad de aproximadamente 21 kilómetros. El movimiento afectó 28 municipios y produjo daños enormes en viviendas, hospitales, establecimientos educativos y edificios públicos.

El balance humano fue estremecedor:

1.185 personas fallecidas, 8.536 heridas, 35.972 viviendas totalmente destruidas o inhabitables.

Además, 143 establecimientos educativos y 60 hospitales resultaron afectados, según la infografía histórica del SGC.

Armenia fue el epicentro de una tragedia que también golpeó con fuerza a Pereira, Calarcá, La Tebaida, Montenegro, Quimbaya y numerosos municipios de la región.

Y aquí está una de las grandes enseñanzas:

Un terremoto de mayor magnitud no necesariamente produce mayores pérdidas.

La magnitud mide la energía liberada por el terremoto.

El desastre depende también de la exposición y la vulnerabilidad.

Una ciudad densamente poblada, con edificaciones vulnerables, suelos particulares y una población ubicada cerca del área de mayor sacudimiento puede sufrir pérdidas enormes incluso frente a un terremoto de magnitud inferior a otros eventos históricos.

El propio SGC explica que la intensidad del sacudimiento depende de factores como la energía liberada, la distancia al hipocentro, los materiales atravesados por las ondas y las características del terreno.


La memoria como herramienta de prevención

En esta historia que se repite los terremotos de 1906, 1979, 1999, 2004 y 2026 tienen algo en común.

Todos dejaron información.

Información sobre los suelos.

Sobre las construcciones.

Sobre las fallas.

Sobre las vías.

Sobre los hospitales.

Sobre las comunicaciones.

Sobre la capacidad de respuesta.

Y, sobre todo, sobre las condiciones que convierten un fenómeno natural en una tragedia.

El Sistema de Información de Sismicidad Histórica del SGC reúne registros, documentos, mapas, intensidades y testimonios de más de 80 sismos significativos ocurridos en Colombia. Ese conocimiento no es solamente una mirada al pasado: es una herramienta para entender el riesgo presente.

La historia sísmica colombiana demuestra que los grandes terremotos pueden ocurrir en el Pacífico, en el Eje Cafetero, en Antioquia, en los Santanderes y en otras regiones.

La tierra no entiende de límites administrativos.

Por eso tampoco la prevención puede depender únicamente de un municipio o de un departamento.

El gran reto: construir un país más resiliente

Después del terremoto de 1979, Colombia comenzó a avanzar hacia mejores prácticas de construcción.

Después de 1999, el país acumuló una enorme cantidad de conocimiento sobre vulnerabilidad, suelos, infraestructura y planificación territorial.

Después de 2026, la pregunta vuelve a estar sobre la mesa:

¿Qué debemos aprender esta vez?

La respuesta no puede limitarse a reconstruir lo que se cayó.

La recuperación debe servir para reducir las condiciones de riesgo que hicieron posible el desastre.

La propia política nacional de gestión del riesgo plantea como objetivos comprender el riesgo, fortalecer la gobernanza, invertir en reducción del riesgo, mejorar la preparación y avanzar hacia una recuperación que permita “reconstruir mejor”.

Ese debería ser uno de los grandes aprendizajes del terremoto de 2026.

No se trata de vivir con miedo.

Se trata de vivir preparados.

Cinco terremotos, una sola lección

1906. 1979. 2004. 1999. 2026.

Magnitudes diferentes.

Territorios diferentes.

Consecuencias diferentes.

Pero todos dejaron una misma enseñanza:

los terremotos no se pueden evitar, pero sus consecuencias sí pueden reducirse.

Colombia seguirá siendo un país sísmicamente activo.

El próximo gran terremoto puede ocurrir dentro de años o puede ocurrir mañana. La ciencia no puede decirlo.

Lo que sí podemos decidir es cómo llegaremos a ese momento.

Con ciudades más preparadas.

Con edificaciones más seguras.

Con mejores sistemas de respuesta.

Con ciudadanos informados.

Con instituciones coordinadas.

Y con la memoria de quienes ya vivieron los grandes terremotos como una herramienta para proteger a quienes todavía no los han vivido.

Colombia no puede saber cuándo volverá a temblar.

Pero sabe que volverá a hacerlo.

Y esa certeza debería ser suficiente para que la prevención deje de ser una tarea que comienza después del desastre.

Fuente: Servicio Geológico Colombiano – SGC

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