En una acción que ha desatado controversia nacional, Sofía y Antonella Petro Alcocer, hijas del expresidente Gustavo Petro y de Verónica Alcocer, se desplazaron al corregimiento de La Paz, en el departamento del Valle del Cauca, para entregar asistencia directa a los damnificados por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el pasado 10 de agosto de 2026. La visita, realizada pocos días después de la catástrofe, contradice la postura inicial del exmandatario, quien había afirmado que sus hijas evitarían la exposición mediática mientras trabajaban en las zonas de desastre. Las jóvenes documentaron el recorrido a través de sus redes sociales, especialmente Instagram y X, visibilizando las necesidades urgentes de la comunidad, lo que generó un intenso debate sobre el oportunismo político y la gestión de la ayuda humanitaria.
Durante su estancia en La Paz, las hermanas dialogaron con los habitantes afectados y recaudaron materiales de construcción como ladrillo, cemento, arena, madera, hierro y tejas, que fueron donados para la reconstrucción de viviendas colapsadas. Según el líder comunitario Libardo, quien las acompañó en el recorrido, en este corregimiento se registraron 38 personas afectadas por el sismo. “Tenemos 38 personas afectadas por este terremoto, pero por ahoritica necesitamos es más material. Se va a donar ladrillo, cemento, arena, todo, todo lo bienvenido será. Si gustan, hacemos una parte nomás donde se recolecta y a todo mundo se le va dando por partes para que cada uno se beneficie”, declaró Libardo, quien detalló que la prioridad es conseguir insumos para reparar las viviendas. Las jóvenes, por su parte, explicaron que su labor se enmarca en el apoyo logístico a las comunidades vulnerables, y Antonella Petro Alcobre expresó en un video: “Fue uno de los corregimientos más afectados durante el terremoto. Entonces acá estamos con el señor Libardo, que nos va a explicar las solicitudes que necesita este corregimiento para volver a salir adelante”.
Un terremoto que dejó una huella profunda
El sismo de magnitud 7,4, ocurrido el 10 de agosto de 2026, fue catalogado por el presidente Abelardo de la Espriella como uno de los más devastadores en la historia reciente de Colombia. Según el balance proporcionado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), el evento dejó 289 fallecidos, 4.187 heridos y más de 120.000 familias damnificadas en 450 municipios de 15 departamentos declarados en emergencia. La devastación se concentró principalmente en el Chocó, el Valle del Cauca y el Eje Cafetero, donde las viviendas de material precario colapsaron o sufrieron daños estructurales severos. En La Paz, corregimiento ubicado en el norte del Valle, los costos estimados de reconstrucción por vivienda oscilan entre 25 y 30 millones de pesos, una cifra que resulta inalcanzable para muchas familias que lo perdieron todo.
Ante la magnitud de la tragedia, diversas figuras públicas y organizaciones se han movilizado hacia los territorios afectados. Las comisiones de apoyo vinculadas a la familia Petro continúan acopiando materiales en Cali, según lo confirmó el propio expresidente Gustavo Petro a través de un mensaje publicado en X antes de la visita de sus hijas. En ese mensaje, Petro justificó la ausencia de su presencia directa: “Mis hijas no buscan fotos y están en Cali con nuestros equipos jaguaristas consiguiendo ayudas para la gente víctima. Si yo voy me pasaría lo de Abelardo y el dolor termina utilizado. Sofía y Antonella siguen mi manera de ser”. Sin embargo, la difusión de imágenes y videos por parte de las jóvenes ha sido interpretada por algunos sectores como una contradicción con esa promesa de evitar la exposición mediática, mientras que otros defienden su derecho a visibilizar las necesidades de las comunidades.
«Mis hijas no buscan fotos y están en Cali con nuestros equipos jaguaristas consiguiendo ayudas para la gente víctima. Si yo voy me pasaría lo de Abelardo y el dolor termina utilizado. Sofía y Antonella siguen mi manera de ser»
Gustavo Petro, expresidente de Colombia
Mientras los organismos de socorro, como la Defensa Civil y la Cruz Roja, coordinan la ayuda humanitaria en los 15 departamentos en emergencia, la recolección de insumos que lideran las hijas del expresidente busca distribuir equitativamente los materiales entre los damnificados. La discusión sobre el papel de las figuras públicas en las zonas de desastre y el límite entre la solidaridad y el protagonismo político sigue abierta, en un país que aún llora a sus 289 fallecidos y busca reconstruir lo que el terremoto derrumbó en cuestión de segundos.










