Un año después del magnicidio del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, ocurrido en el barrio Villa Amalia de la localidad de Engativá, en Bogotá, la justicia colombiana sigue sin poder esclarecer por completo la cadena de responsabilidades ni dar con el paradero del autor material del crimen. Se trata de un adolescente de 17 años, identificado como E. J. M. M., quien se presentó voluntariamente ante la Fiscalía para confesar su participación en el atentado, pero que desapareció antes de completar su declaración y no ha sido hallado desde entonces.
Según la propia confesión del menor, quien fue el encargado de disparar tres veces contra Uribe Turbay, el asesinato fue ordenado por la Segunda Marquetalia. El adolescente detalló ante las autoridades que fue contactado por un amigo para unirse a una célula criminal que operaba desde el occidente de Bogotá. Una vez dentro, recibió la orden directa de alias Chipi, identificado como Elder José Arteaga Hernández, cabecilla de una oficina de sicariato. “Chipi me dice que había un trabajo de unos cuantos millones y me muestra la foto de una persona y me dice que a él le tocaba matarlo”, declaró el menor en su testimonio.
La planificación del crimen, según el relato del testigo, se realizó a través de un grupo de WhatsApp donde se compartían las ubicaciones y las rutinas del senador. El menor también reveló que la información privilegiada sobre los movimientos de la víctima provenía directamente de su círculo de seguridad. “Chipi hablaba muy poco de esa persona (escolta), pero decía que la información del senador la estaba sabiendo por alguien de ellos”, afirmó el joven. Por su colaboración, a E. J. M. M. le fueron ofrecidos 20 millones de pesos, y en su declaración mencionó que al momento del ataque “solo me dijo que había unos escoltas que estaban de parte de Chipi”.
Una fuga que truncó la investigación
Pese a haberse presentado de manera voluntaria ante la Fiscalía, el adolescente fue puesto bajo custodia del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Sin embargo, la noche en que debía continuar con su testimonio, logró fugarse del centro de protección y su paradero es completamente desconocido un año después. Esta fuga ha sido un obstáculo monumental para la investigación, pues el joven era la pieza clave para judicializar a los demás integrantes de la organización criminal. En su declaración, el menor identificó a varios de sus cómplices, como alias el Hermano, alias Gabriela, los conocidos como “sayayines” del Bronx y un hombre llamado Erick Josué, todos ellos aún sin capturar ni procesados formalmente.
La Procuraduría General de la Nación ha insistido en la necesidad de profundizar en dos líneas cruciales que surgieron a partir de la confesión del menor. La primera se refiere a los pagos que, según el testigo, realizó un escolta de seguridad del senador a la organización criminal para facilitar el ataque. La segunda, y no menos grave, es la entrega de datos precisos sobre la ubicación y rutinas del político, que permitieron a los sicarios ejecutar el plan. “En ese grupo enviaron cosas del atentado del senador, como ubicaciones, cosas de lo que hacía el senador”, aseguró E. J. M. M., corroborando que hubo una filtración desde el interior del dispositivo de seguridad.
«Chipi me dice que había un trabajo de unos cuantos millones y me muestra la foto de una persona y me dice que a él le tocaba matarlo»
E. J. M. M., adolescente testigo y autor material del magnicidio
La responsabilidad penal ya ha recaído sobre alias Harold, quien fue condenado a 21 años de prisión por su participación en el homicidio. Sin embargo, la justicia penal militar decidió cerrar el proceso contra el entonces jefe de seguridad de Uribe Turbay, al decretar la preclusión por omisión. Mientras tanto, la Fiscalía se enfrenta al desafío de localizar al testigo fugado, cuyo testimonio sigue siendo la principal esperanza para desmantelar por completo la red que operó bajo las órdenes de la Segunda Marquetalia. El menor, que tenía apenas 17 años al momento del crimen, también advirtió en su declaración que la banda planeaba atentados contra otros objetivos en Bogotá y Soacha, lo que añade una capa más de urgencia a su búsqueda.










