Condenado a 54 años confiesa desde cárcel de Jamundí que asesinó por “deporte”

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Desde la fría y silenciosa cárcel de Jamundí, Michael Lenis, un joven de 25 años que ya arrastra una condena de 54 años de prisión, ha roto su silencio para entregar una confesión escalofriante que ha estremecido a Colombia. En una entrevista concedida al pódcast “Más allá del silencio”, conducido por el periodista Rafael Poveda, Lenis no solo detalló el sangriento asesinato de Isa Katherine Cabuyales Perea, ocurrido el 21 de mayo de 2022 en una vivienda del barrio Siloé, sino que además admitió ser responsable de otros homicidios no esclarecidos, algunos de los cuales, según sus propias palabras, cometió por simple “deporte”. La revelación ha reabierto las heridas de uno de los casos más sonados de desaparición y muerte violenta en el país, mientras las autoridades evalúan el alcance de una macabra estructura criminal que, según el confeso asesino, operaba bajo la fachada de un negocio de comidas rápidas y se dedicaba al tráfico de armas y drogas.

El relato de Lenis es tan minucioso como aterrador. Según su versión, Isa Katherine Cabuyales Perea, quien habría ingresado a la organización delictiva cuando apenas tenía entre 15 y 16 años para realizar tareas de apoyo y vigilancia en los traslados de mercancía, fue asesinada porque “nos había fallado y nos había robado”. “De un momento a otro la ataqué”, confesó Lenis, describiendo cómo le asestó dos puñaladas con un cuchillo. “No hubo grito, no hubo forcejeo, nada. Todo fue muy rápido”, agregó, insinuando una violencia ejecutada con una frialdad pasmosa. El cuerpo de la joven fue luego enterrado en el patio de la misma vivienda, un lugar que Lenis describió con crudeza: “El patio tenía el 80% de concreto, tenía un 20% la esquina que le faltaba. Ahí fue donde se echó”. Para asegurar que el cadáver no fuera descubierto, Lenis afirmó que la persona para la que trabajaba le exigió pruebas del crimen, por lo que tomó una fotografía del lugar del entierro y la envió a través de la aplicación de mensajería Telegram.

“Si no fuera sido por mí, no lo encuentran, porque yo di la ubicación donde estaba. Porque si no, hasta el son de hoy no hubiera aparecido”

Michael Lenis, Condenado a 54 años de prisión

La mecánica del horror, según el condenado, contó con una cómplice inesperada: su expareja, identificada como Daniela. Lenis aseguró que fue ella quien llevó a Isa Katherine hasta la vivienda y que posteriormente lo ayudó a sacar la tierra necesaria para cavar la tumba improvisada. Sin embargo, pese a la gravedad de su relato, Lenis intentó desmarcarse de la modalidad criminal conocida como la “falsa oferta de empleo” que tanto ha victimizado a mujeres jóvenes en el país, asegurando que su accionar tenía otros fines. La madre de la víctima, tras el hallazgo, intentó contactarlo, pero Lenis afirmó que ella le respondió que “la ley se encargaba de todo”. Mientras tanto, la familia de la víctima ha negado rotundamente que Isa Katherine estuviera ligada a organización criminal alguna, contradiciendo de plano la narrativa del asesino.

Uno de los aspectos más perturbadores de la confesión es la admisión de una escalada de violencia que va más allá de este caso. Lenis, con una desconcertante naturalidad, reconoció que hay otras personas muertas por su causa, clasificando sus crímenes en tres categorías: “Hay personas muertas por cosas personales, hay personas que están así por trabajos represalias. Y en última hubo unas personas que pues murieron porque tenían que morir”. Esta declaración, pronunciada sin sombra de arrepentimiento, revela la existencia de un entramado de asesinatos que aún no han sido esclarecidos por la justicia. El homicida fue aún más lejos en su falta de empatía, afirmando que cometer el mal era para él un “deporte” y que hacer daño a otros lo hacía “sentir bien”.

El caso de Isa Katherine Cabuyales Perea se convirtió en uno de los más emblemáticos de desaparición forzada en Colombia. A finales de mayo de 2022, la familia de la joven inició una desesperada búsqueda que incluyó la difusión de un panfleto colocado a tan solo 200 metros de la casa donde ocurrió el crimen. La repentina confesión de Lenis, quien ya purga una condena de más de medio siglo, no solo ha proporcionado respuestas sobre un pasado reciente, sino que ha lanzado una advertencia escalofriante sobre los tentáculos de una violencia que, según sus propias palabras, sigue operando en las sombras. Con el eco de sus declaraciones, la Fiscalía General de la Nación se enfrenta ahora al reto de determinar cuántas de esas “personas que tenían que morir” son víctimas de una red criminal que convirtió el asesinato en una macabra rutina.

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