Vendaval deja entre 60 y 100 viviendas dañadas en Luruaco, Atlántico

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Un fuerte vendaval acompañado de tormenta eléctrica azotó el municipio de Luruaco, en el departamento del Atlántico, durante la tarde del viernes 21 de agosto, dejando a su paso un estimado preliminar de entre 60 y 100 viviendas afectadas, daños en instituciones educativas y graves averías en las redes eléctricas locales. El fenómeno, que se presentó con ráfagas de viento significativas, provocó el desprendimiento de techos, el colapso de paredes y la caída de árboles en varios sectores del municipio, incluyendo los barrios Abraham Juan, Villa Estadio y el corregimiento de Palmar de Candelaria. La emergencia también dejó vehículos varados sobre la vía de La Cordialidad, una de las principales arterias de la región.

El alcalde de Luruaco, Ameth Juan Hanna, convocó de inmediato un consejo extraordinario de gestión del riesgo para evaluar las afectaciones y coordinar las primeras acciones de respuesta. En medio de la emergencia, el mandatario local hizo un llamado a la comunidad para que se abstuviera de difundir información falsa o de intentar aprovecharse de la situación, advirtiendo que los recursos destinados a atender el desastre deben pasar por un riguroso proceso de verificación. Las autoridades locales trabajan en la consolidación de un censo oficial de damnificados, mientras que la Defensa Civil de Barranquilla se ha comprometido a acompañar la verificación en terreno.

Evaluación de daños y respuesta institucional

El impacto del vendaval no solo se limitó a las viviendas, donde se reportaron daños totales y parciales, sino que también afectó gravemente la infraestructura educativa. El Colegio Inmaculada fue una de las instituciones más golpeadas, con pérdida de cubiertas y de utensilios escolares, lo que genera incertidumbre sobre la continuidad de las actividades académicas en el corto plazo. La Gobernación del Atlántico y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) han sido notificadas de la situación y se espera que en las próximas horas se articulen las ayudas humanitarias y los recursos para la reparación de la infraestructura dañada.

El fenómeno climático se presentó a pesar de que las autoridades meteorológicas habían pronosticado para ese fin de semana, del 21 al 23 de agosto, vientos de entre 20 y 30 kilómetros por hora para la región Caribe, así como probabilidad de lluvias sectorizadas. Paradójicamente, las temperaturas máximas esperadas para la zona eran de entre 35 y 38 grados Celsius, con una sensación térmica que podía superar los 40 grados. La velocidad del viento registrada durante el vendaval parece haber superado ampliamente esos pronósticos, causando la magnitud de los estragos reportados.

«Pidió a la comunidad no entregar información falsa ni intentar aprovecharse de la situación, porque los recursos para atender el desastre deben pasar por un proceso de verificación.»

Ameth Juan Hanna, alcalde de Luruaco

Mientras la atención de la emergencia en Luruaco acapara los esfuerzos locales, un hecho secundario ocurrió en el archipiélago de San Andrés. La Dirección General Marítima (Dimar) instaló una boya de oleaje direccional Triaxys al noroeste de la isla de San Andrés, frente a la zona de Cayo Rocoso, un dispositivo que permitirá monitorear con mayor precisión las condiciones del mar en la región. Sin embargo, toda la atención en el departamento del Atlántico se centra en la recuperación de Luruaco y en las labores de censo que determinarán la magnitud real de la tragedia climática que este fin de semana cambió la vida de cientos de familias costeras.

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