Desempleo en 8% pero informalidad se mantiene en 55,1% para nuevo Gobierno

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En un contexto de reducción histórica del desempleo pero con una persistente informalidad que afecta a más de la mitad de los trabajadores, Abelardo de la Espriella asumió la Presidencia de Colombia el 7 de agosto de 2026, recibiendo un mercado laboral que muestra luces y sombras. Según los datos más recientes del Dane, correspondientes a junio de 2026, la tasa de desempleo nacional se ubicó en 8,0%, una mejora significativa frente al 8,6% registrado en el mismo mes del año anterior. Sin embargo, la tasa de informalidad laboral se mantuvo estable en un preocupante 55,1%, lo que representa un desafío central para la nueva administración, encabezada por el presidente De la Espriella y el vicepresidente José Manuel Restrepo.

El análisis de las cifras revela una fotografía compleja del mercado laboral colombiano. La población ocupada pasó de 23,753 millones a 24,459 millones de personas, un incremento de 706.000 nuevos ocupados. No obstante, de ese total, aproximadamente 391.000 corresponden a trabajadores informales, mientras que 314.000 ingresaron a la formalidad. Este crecimiento casi equilibrado explica por qué la tasa de informalidad no presentó variación. El expresidente Gustavo Petro celebró el dato en su cuenta de X, afirmando que “logramos la menor desocupación laboral del siglo”, aunque los analistas advierten que la calidad del empleo sigue siendo un talón de Aquiles, especialmente en las zonas rurales, donde la informalidad alcanza un alarmante 84,1%.

Las razones detrás de la caída del desempleo

Iván Jiménez, director del Observatorio Laboral de la Pontificia Universidad Javeriana, explicó que la reducción del desempleo no obedece a un solo factor, sino a una combinación de elementos. “Seguimos todavía en una época de pospandemia, que eso se puede ver no solo por los años, sino también por cómo se da la activación económica, los cambios en este escenario toman tiempo y yo creo que ese es el primer factor”, señaló el experto. A esto se suma el crecimiento productivo natural de la economía y un aumento de la inversión pública. Sin embargo, advirtió que el crecimiento del empleo ha sido impulsado principalmente por el consumo, que en el primer trimestre de 2026 creció un 3,4% y aportó cerca de tres puntos al Producto Interno Bruto (PIB). Por el contrario, la formación bruta de capital, es decir, la inversión, cayó un 3,0% en el mismo período, restando aproximadamente 0,6 puntos al crecimiento. Jiménez fue enfático en señalar que “eso no se escucha tan sano para generar eso que llaman confianza inversionista, que es lo que atrae capital de ahorro”, en referencia a la incertidumbre que genera la reforma tributaria planteada por el nuevo gobierno.

Informalidad: un desafío estructural que trasciende el gobierno saliente

La persistente informalidad laboral es quizás el problema más arraigado que deberá enfrentar la administración De la Espriella, y los expertos coinciden en que se trata de un fenómeno que no se resuelve con una sola política pública. Carolina Henao, docente de la Escuela de Negocios de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, hizo una precisión fundamental sobre las cifras: “Es importante precisar que esta cifra no muestra que necesariamente se hayan creado 706.000 nuevos puestos de trabajo formales ni que 706.000 personas hayan sido contratadas por empresas”. Es decir, el incremento en la ocupación incluye tanto empleos asalariados como trabajo independiente, muchas veces no por elección sino por necesidad. Iván Jiménez abundó en esta idea: “No es el emprendimiento como elección, sino soy independiente porque me tocó. No es una elección de vida, sino de repente el mercado laboral me llevó a esto”.

Para dimensionar la magnitud del reto, Henao recordó que “una informalidad de 55,1% significa que más de la mitad de los ocupados sigue fuera de condiciones laborales plenamente formales. El problema es mucho más profundo en las áreas rurales, donde llega a 84,1%”. La experta señaló que el nuevo Gobierno deberá definir políticas focalizadas para atender sectores que presentan baja productividad y caídas en la ocupación, como la manufactura -donde entre mayo de 2025 y mayo de 2026 la producción real cayó 0,4% y el personal ocupado se redujo 1,0%- y la agricultura.

«Hemos construido un mundo donde para ser formal se premia al que es empleado. Se premia al que tiene un contrato de trabajo y se castiga sobremanera al que es independiente»

Iván Jiménez, director del Observatorio Laboral de la Pontificia Universidad Javeriana

El camino hacia la formalización y la confianza inversionista

Frente a este panorama, los analistas plantean que las soluciones deben ser múltiples y adaptadas a la realidad de un mercado laboral heterogéneo. Jiménez considera que “estamos demasiado acostumbrados a pensar en el trabajo como la idea de que hay una empresa y un trabajador que va de 8:00 a. m. a 5:00 p. m. (…) Y el mundo del trabajo es mucho más amplio y mucho más heterogéneo”. Por ello, propone que “el ejercicio frente a la formalización es aprender para confiar”. Investigaciones del Banco de la República sugieren que reducir los costos laborales no salariales puede favorecer la formalización, mientras que desde la academia se recomienda combinar la simplificación del registro para micronegocios, la creación de cotizaciones a seguridad social compatibles con ingresos variables y el acceso a crédito condicionado a la formalización. Para el sector agrícola, las propuestas apuntan a aumentar la productividad mediante inversiones en riego, vías terciarias, almacenamiento, crédito y seguros.

El gobierno entrante asegura que recibe un país debilitado económica y fiscalmente, y su apuesta por una reforma tributaria ha generado expectativas encontradas. Mientras algunos sectores la ven como una necesidad para financiar el gasto social, analistas como Jiménez consideran que puede ser un lastre para la confianza inversionista, en un momento en que Colombia necesita urgentemente atraer capital de ahorro para dinamizar la inversión y romper el círculo vicioso del consumo volátil. El presidente De la Espriella y su vicepresidente Restrepo tienen por delante la tarea de demostrar que es posible compatibilizar la estabilidad fiscal con la generación de empleo de calidad, en un país donde más de la mitad de los trabajadores aún espera una oportunidad para ser parte de la formalidad.

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