«Banco de la República advierte que inflación no alcanzará meta del 3% antes de mediados de 2028»

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El gerente general del Banco de la República, Leonardo Villar, encendió las alarmas durante el Congreso de Asobancaria en Cartagena al advertir que Colombia no logrará que la inflación vuelva a la meta del 3% antes de mediados de 2028. En una exposición dirigida al sector financiero, Villar responsabilizó directamente a las decisiones de política económica adoptadas por el Gobierno de Gustavo Petro —como los aumentos salariales y la expansión fiscal— por frenar el proceso de ajuste y desviar al país de la senda de desinflación que se venía registrando. “La inflación ha bajado de manera importante frente a los niveles que alcanzó en 2023, pero todavía se mantiene lejos de la meta del 3%. Lo que muestran nuestras proyecciones es que esa convergencia será lenta y que, bajo las condiciones actuales, no se alcanzaría antes de mediados de 2028”, afirmó el funcionario.

Las cifras presentadas por Villar describen un panorama de avances interrumpidos. La inflación, que llegó a un pico de 13,4% en 2023, logró descender hasta 4,8% en junio de 2025. Sin embargo, en junio y julio de 2026 volvió a repuntar hasta cerca del 6%, duplicando la meta oficial. “Después de una reducción significativa desde los máximos de 2023, la inflación volvió a mostrar presiones al alza. Ese comportamiento no se explica solamente por factores externos o transitorios, sino también por excesos de demanda interna y por decisiones de política económica que aumentaron los costos y dificultaron la convergencia hacia la meta”, señaló el gerente. Aunque reconoció una reducción de más de 8,5 puntos porcentuales en poco más de dos años, atribuyó el estancamiento reciente a políticas que actuaron “en contravía” del ajuste.

Expansión fiscal y salarios: las decisiones que frenaron la desinflación

Villar fue contundente al señalar los orígenes del rezago. “Creo que la respuesta central a estas preguntas reside fundamentalmente en políticas adoptadas por el Gobierno nacional durante el último año y medio, las cuales actuaron en contravía del proceso de ajuste que traíamos en el periodo previo”, declaró. El incremento del salario mínimo para 2025 se fijó cerca de seis puntos porcentuales por encima de la inflación observada, mientras que para 2026 el aumento fue del 23%, unos 17 puntos porcentuales por encima de la inflación. En sectores transables, los salarios por hora de trabajadores de baja calificación se dispararon un 28% en pesos y más de un 50% medidos en dólares.

La expansión del gasto público también fue blanco de críticas. “La política monetaria ha tenido que actuar de manera restrictiva para reducir la inflación y anclar las expectativas. Pero cuando al mismo tiempo la política fiscal se expande de forma agresiva, se generan presiones adicionales de demanda que hacen más lento y más costoso el proceso de desinflación”, afirmó Villar. El PIB creció 3,5% en el segundo trimestre de 2026, con una demanda interna real que avanzó 4,8% —destacándose un consumo público que creció 11,5% real—, mientras el desempleo cayó a 8% en junio de ese año. Sin embargo, el gerente atribuyó estas mejoras a una demanda interna insostenible impulsada por el gasto público. “Es ampliamente conocido que la expansión fiscal, a través de grandes excesos de gasto vis a vis los ingresos del gobierno, genera impactos positivos en el corto plazo sobre la actividad económica y el empleo, pero se traduce paralelamente en crecimientos de la deuda que tarde o temprano obligan a procesos de ajuste que resultan dolorosos”, advirtió.

“La credibilidad de la meta de inflación es un activo fundamental. Si las expectativas se alejan del 3%, la inflación se vuelve más difícil de reducir, porque las decisiones de precios, salarios y contratos empiezan a incorporar una inflación más alta hacia adelante”

Leonardo Villar, Gerente General del Banco de la República

El comportamiento de las expectativas refleja esa pérdida de anclaje: cayeron por debajo de 3,5% a mediados de 2025, pero repuntaron a 4,7% a comienzos de 2026 y en agosto seguían cerca de 4,2%. Paralelamente, la apreciación del peso —que ronda los $3.000 por dólar— ha restado competitividad a las exportaciones. El peso se apreció más de 18% frente al euro y en porcentajes similares frente a monedas de Chile y Perú. “Esto, por supuesto, resta competitividad a nuestras exportaciones y hace muy difícil para los bienes producidos internamente competir con las importaciones”, señaló Villar, quien advirtió que la fortaleza de la moneda ya no se explica solo por la depreciación global del dólar, sino que está vinculada al fuerte déficit fiscal.

La intervención de Villar ocurre en un momento de transición política, con anuncios de ajuste fiscal y una política amigable con el sector privado por parte del nuevo Gobierno, lo que convierte sus declaraciones en una evaluación directa de la administración saliente. Las implicaciones para el futuro inmediato son claras: el banco central tiene menos margen para recortar tasas de interés con rapidez, y el riesgo de que las expectativas de inflación se desanclen por completo sigue latente. Mientras Colombia espera que la convergencia hacia el 3% llegue recién a mediados de 2028, el debate sobre el legado de las políticas expansivas y su costo para la estabilidad macroeconómica apenas comienza.

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