El Gobierno de Colombia solicitó formalmente apoyo internacional a Chile y a Estados Unidos para atender la emergencia por incendios forestales que azota al departamento del Tolima, con la intención de estudiar y replicar los modelos de prevención, tecnología y respuesta que ambos países han desarrollado durante décadas de experiencia frente a este tipo de desastres. La petición, dada a conocer en el contexto de la crítica situación que enfrenta la región andina, busca fortalecer las capacidades locales a través del intercambio de conocimientos con naciones que han logrado consolidar estrategias efectivas y medibles frente al fuego, como es el caso de Chile, cuyo sistema combina inversión estatal, redes comunitarias y herramientas tecnológicas de alerta temprana, y el de Estados Unidos, particularmente el estado de California, donde la inversión anual alcanza los 3.800 millones de dólares y se han desarrollado flotas aéreas especializadas y programas de corresponsabilidad ciudadana.
La emergencia en el Tolima ha puesto en evidencia la necesidad de contar con mayores herramientas técnicas y operativas para enfrentar incendios de gran magnitud, lo que llevó al gobierno nacional a mirar hacia experiencias foráneas con resultados demostrados. Chile, por ejemplo, construyó su estrategia a partir de la devastadora temporada de incendios de 2017 en la zona central y sur del país, que impulsó la creación del protocolo Golpe Único y un rediseño integral de su sistema de emergencias. Colombia busca adaptar esos aprendizajes a su propia realidad, especialmente en regiones montañosas y de difícil acceso como el Tolima, donde el fuego ha consumido cientos de hectáreas de vegetación y ha puesto en riesgo a comunidades rurales.
Chile: tecnología, inversión y participación comunitaria
El modelo chileno se sustenta en tres pilares fundamentales: un presupuesto robusto, sistemas tecnológicos de alerta y una red de prevención comunitaria que hoy agrupa a más de 3.520 vecinos organizados en 494 comités distribuidos en ocho regiones. En octubre de 2024, el gobierno chileno anunció un presupuesto de 160.803 millones de pesos para el combate de incendios, que incluyó un aumento del 27% en el número de brigadas, la incorporación de quince aeronaves adicionales, un incremento del 48% en personal bomberil y un alza del 40% en recursos destinados a prevención. Entre las herramientas tecnológicas destacan el sistema Botón Rojo, que se activa cuando la probabilidad de ignición supera el 70% y la velocidad del viento es mayor a 20 kilómetros por hora, el protocolo Golpe Único, creado tras los incendios de 2017, la aplicación Rawli, el sistema de cámaras térmicas conocido como Waze Forestal para el monitoreo de rutas de evacuación, y la plataforma de alarmas Tero, todos orientados a anticiparse al fuego y protegear a la población con información oportuna.
La gestión comunitaria es otro de los pilares del éxito chileno. Según datos de la Red de Prevención Comunitaria correspondientes a 2025, el 53% de los vecinos que forman parte de la red ha implementado medidas de autoprotección en sus viviendas, mientras que 2.696 personas han participado activamente mediante la plataforma Rawli, cuyo uso aumentó significativamente por su rapidez y facilidad. Cristián Contreras, jefe de Gestión de la Red de Prevención Comunitaria, señaló que la adopción de esta herramienta creció de manera notable porque permite a las comunidades reportar condiciones de riesgo y recibir información sobre posibles emergencias en tiempo real, lo que refuerza el principio de que la prevención es una tarea colectiva que no depende únicamente de las autoridades.
Estados Unidos: inversión permanente y capacidad aérea sin precedentes
Estados Unidos, por su parte, ha convertido la gestión de incendios en una política de estado, especialmente en California, donde cada año se destinan cerca de 3.800 millones de dólares al sistema de protección. La tecnología juega un papel central con ALERTCalifornia, una red de más de 1.200 cámaras de alta resolución que, combinadas con inteligencia artificial, permiten detectar incendios en sus etapas iniciales. El Servicio Forestal estadounidense utiliza además modelos de IA alimentados con décadas de datos meteorológicos para predecir zonas de riesgo y optimizar la asignación de recursos. En materia aérea, el país cuenta con una flota diversa que incluye aviones C-130 Hércules con sistema MAFFS, cisternas medianas como los BAe-146, MD-87 y RJ85, y los anfibios CL-415 Super Scooper, junto con el imponente DC-10 VLAT, capaz de descargar hasta 9.400 galones de retardante en una sola pasada.
La estrategia estadounidense también pone énfasis en la preparación de las comunidades y en normas de construcción resiliente. El programa Firewise USA, con más de 3.000 comunidades reconocidas, promueve la organización vecinal para reducir el riesgo en las interfases urbano-forestales, mientras que la normativa conocida como Zona Zero obliga a despejar la vegetación en los primeros 1,5 metros alrededor de las viviendas, una medida que ha demostrado ser clave para evitar la propagación del fuego hacia las estructuras. Estos modelos, que combinan inversión pública, tecnología de punta y participación ciudadana, son los que Colombia espera adaptar para enfrentar no solo la emergencia inmediata en el Tolima, sino también para construir una capacidad de respuesta más sólida frente a los incendios forestales que, cada vez con mayor frecuencia, afectan a varias regiones del país.










