Monguí, Boyacá: el pueblo patrimonio a 3:45 horas de Bogotá

Compartir en redes sociales

A 224 kilómetros de Bogotá, un viaje de aproximadamente tres horas y cuarenta y cinco minutos en vehículo particular conduce a Monguí, el municipio patrimonio de Boyacá que se consolida como uno de los destinos de escapada más completos del centro del país. Su arquitectura colonial, cuidadosamente conservada en calles empedradas y una plaza principal dominada por la imponente Basílica y Convento de Nuestra Señora de Monguí —obra del siglo XVII que alberga más de 130 obras de arte pictórico—, se combina con paisajes de alta montaña que los viajeros comparan con los Alpes suizos. La oferta turística de esta localidad, parte de la Red Turística de Pueblos Patrimonio de Colombia, integra historia, artesanía y naturaleza en un mismo recorrido.

Para llegar desde la capital, la ruta recomendada en auto particular sigue la Autopista Norte y la Ruta Nacional 55, pasando por Briceño, Tunja, Duitama y Sogamoso, para luego tomar la vía Tópaga y el desvío hacia Monguí. El trayecto implica entre cuatro y cinco peajes —Andes, Fusca, El Roble, Albarracín y Tuta— y una duración de unas tres horas con 45 minutos. Quienes opten por el transporte intermunicipal pueden abordar buses de empresas como Libertadores, Rápido Duitama o Copetran en la Terminal de Transportes de Bogotá (Salitre o Norte) hasta Sogamoso, un viaje de entre tres horas y media y cuatro horas. Desde la Terminal de Sogamoso, servicios locales como Sugamuxi o Cootracero completan el trayecto final en aproximadamente 40 minutos. Se recomienda hacer una parada en Sogamoso antes de continuar hacia el municipio.

Patrimonio, oficios y paraísos de altura

El origen del nombre Monguí tiene dos versiones que los habitantes aún discuten: una lo remonta a la montaña Montjuic de Barcelona, y la otra a una expresión muisca que significa «baño de esposa». Lo que no está en discusión es el legado de los indígenas Samues o Sancas, que habitaron estas tierras antes de la colonización. La Basílica y Convento, edificada en calicanto con tallas en piedra y madera, fue declarada monumento nacional, al igual que el Puente de Calicanto —también conocido como Puente de Alicanto— que cruza el río El Morro. A pocas cuadras, los talleres artesanales mantienen viva una tradición que comenzó en 1930: la fabricación de balones de cuero. Cerca de un centenar de familias se dedican a este oficio, y sus productos han llegado a ligas de fútbol dentro y fuera de Colombia.

Más allá del casco urbano, el Páramo de Ocetá ofrece un ecosistema de frailejones, senecios, lagunas y senderos que atraen a excursionistas y amantes de la naturaleza. A poca distancia se encuentra la Ciudad de Piedra, también llamada Ciudad Perdida, un conjunto de formaciones rocosas que pueden superar los 15 metros de altura. Ambas rutas requieren mayor preparación que el paseo urbano: los cambios climáticos son frecuentes y los recorridos pueden extenderse por varias horas. Además del turismo, la economía local se sostiene con la agricultura, la ganadería, la minería y el comercio de carbón, mientras que las celebraciones decembrinas y la programación cultural y religiosa incrementan el flujo de visitantes, que llegan principalmente desde Bogotá, Sogamoso y otros municipios boyacenses. Monguí, con su doble condición de pueblo patrimonio y paraíso de altura, demuestra que en Boyacá el pasado colonial y la majestuosidad de los Andes conviven en perfecta armonía.

Sigue leyendo