Dos investigaciones independientes, presentadas por la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (Abaco) y la Contraloría General de la República, revelan que más de 5,2 millones de colombianos arrastran consecuencias de por vida por desnutrición crónica infantil y que 432.953 niños menores de cinco años padecen actualmente esta condición, sin que exista una política pública específica para combatirla. Los estudios, titulados «La huella demográfica de la desnutrición crónica infantil en Colombia» (Abaco) y un estudio sectorial sobre Desnutrición Crónica en Colombia publicado por la Contraloría en agosto de 2026, fueron dados a conocer esta semana y cuantifican por primera vez la magnitud poblacional y económica del problema.
Según las estimaciones de Abaco, basadas en la prevalencia de retraso en talla de 2024 y las proyecciones poblacionales del Dane para 2025, un total de 5.269.088 personas —equivalente al 15,9% de la población colombiana— han estado expuestas a desnutrición crónica infantil. De ese universo, 432.953 son menores de cinco años que presentan actualmente retraso en el crecimiento, una condición que la Contraloría diferencia claramente de la desnutrición aguda, que sí cuenta con rutas de atención clínica definidas. El estudio contralor tuvo apoyo técnico de Abaco y se centró en una auditoría institucional para identificar las brechas en la respuesta del Estado.
Cifras que alarman: impacto en cognición, educación e ingresos
Los efectos de la desnutrición crónica se prolongan durante toda la vida adulta. Las investigaciones documentan que quienes la padecieron en la infancia llegan a tener hasta 14,6 puntos menos de coeficiente intelectual, pierden hasta cinco años de escolaridad y ven reducidos sus ingresos laborales hasta en un 54%. En términos macroeconómicos, las empresas colombianas dejan de vender 4.200 millones de dólares al año por la pérdida de productividad asociada a esta condición, mientras que la fuerza laboral deja de recibir dos billones de pesos mensuales por los menores ingresos de quienes sufrieron desnutrición temprana.
“Las cifras de estos estudios demuestran que la desnutrición crónica infantil es una emergencia silenciosa que nos está costando el futuro de millones de adultos y el desarrollo de nuestra economía”, afirmó Juan Carlos Buitrago, director ejecutivo de Abaco, al presentar los hallazgos.
«Las cifras de estos estudios demuestran que la desnutrición crónica infantil es una emergencia silenciosa que nos está costando el futuro de millones de adultos y el desarrollo de nuestra economía»
Juan Carlos Buitrago, director ejecutivo de Abaco
El contexto institucional es crítico: Colombia no cuenta con una política pública diseñada específicamente para prevenir, detectar, monitorear, tratar y reducir la desnutrición crónica. Existen programas y acciones dispersas, pero no hay metas nacionales unificadas, indicadores verificables ni asignaciones presupuestales exclusivas. Los países que han logrado reducirla —según destacan los estudios— la convirtieron en prioridad de Estado, con metas definidas, liderazgo desde los niveles más altos y una mayor coordinación intersectorial. La advertencia de Abaco y la Contraloría coloca sobre la mesa una deuda histórica que, de no atenderse, seguirá hipotecando el desarrollo humano y económico de Colombia.










