Colombia busca minerales estratégicos; gremio exige reglas claras para exploración

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Colombia se prepara para ampliar su mapa minero hacia los minerales que exige la transición energética global, con el cobre, el níquel y el tungsteno como nuevas apuestas de exploración en un país donde cerca del 97 por ciento del territorio permanece sin estudiar geológicamente. Así lo planteó la Asociación Colombiana de Minería (ACM), cuyo vocero Cardona insistió en que el gremio tiene la capacidad técnica y financiera para convertirse en aliado estratégico del Gobierno en esta tarea, siempre que existan reglas claras que impulsen la exploración. Hoy la inversión anual en ese frente apenas alcanza los 90 millones de dólares, pero el potencial con respaldo estatal podría llegar a los 500 millones, una diferencia que marca el tamaño del desafío.

La apuesta no parte de cero. Colombia comparte con Perú y Chile el cinturón andino, una franja geológica privilegiada que ya ha demostrado en esos países su riqueza en minerales estratégicos, y sobre esa base se adelantan proyectos como La Malota en San Roque (Antioquia), Alacrán en Córdoba, Soto Norte en Santander, Jericó en Antioquia y Amacá en Tolima, además de exploraciones de cobre y tungsteno que avanzan en Chocó y Caldas. El propósito es complementar las operaciones consolidadas de oro y carbón con una canasta minera diversificada que responda a la transformación de la demanda mundial por electromovilidad, energías limpias e infraestructura tecnológica.

«Nunca habíamos oído hablar de estos minerales, pero también los tenemos. Imagínense explorar ese 97% que aún nos falta del país»

Cardona, vocero de la Asociación Colombiana de Minería (ACM)

Sin embargo, el camino hacia esa diversificación enfrenta obstáculos serios que el propio gremio no oculta. El PIB minero registró una caída del 18 por ciento mientras la inversión extranjera directa en el sector se desplomó un 88 por ciento, en gran parte por la incertidumbre regulatoria. A eso se suman más de 800 bloqueos a operaciones legales y unas 3.600 incursiones no autorizadas en proyectos formales, en un contexto donde la extracción ilegal afecta a 29 de los 32 departamentos del país y donde la Procuraduría advierte que cerca del 85 por ciento del oro comercializado proviene de actividades ilícitas, algunas ligadas a estructuras criminales. Frente a ese escenario, la ACM marca una línea clara de diferenciación.

«Nos diferencia la legalidad, el pago estricto de impuestos y regalías, el rigor de la ingeniería con clase mundial y el respeto por la vida y el medio ambiente»

Cardona, vocero de la Asociación Colombiana de Minería (ACM)

El impacto de la crisis se siente con crudeza en regiones como Córdoba, donde Ferroníquel, el mayor productor de ferroníquel del país, redujo a la mitad su operación desde agosto por restricciones en el suministro de gas, poniendo en riesgo más de 500 empleos directos y una parte significativa de las regalías departamentales. El caso ilustra la fragilidad de un sector que, pese a todo, sostiene finanzas públicas en territorios como La Guajira, Cesar y Boyacá con el carbón térmico y metalúrgico, cuya relevancia no desaparecerá de inmediato mientras avanzan las nuevas fuentes energéticas. La estrategia, en todo caso, no contempla abandonar esas operaciones existentes sino construir sobre ellas.

En contraste con la minería ilegal, el gremio legal ha logrado formalizar más de 4.700 unidades productivas en Antioquia, Cauca y Tolima, integrando al pequeño minero a la cadena formal, y ha ejecutado más de 370 proyectos sociales mediante el mecanismo de obras por impuestos, con vías terciarias, escuelas y sistemas de agua potable que llegan a comunidades donde el Estado históricamente ha tenido poca presencia.

«Cuando hay un proyecto minero legal, el desarrollo llega más rápido. Eso es construcción de paz territorial»

Cardona, vocero de la Asociación Colombiana de Minería (ACM)

La solicitud del gremio al Gobierno es concreta: agilizar los procesos de formalización y titulación minera, brindar seguridad jurídica a los títulos existentes y establecer una hoja de ruta que dé certidumbre a los inversionistas nacionales y extranjeros. La ACM asegura estar dispuesta a trabajar de la mano con el Ejecutivo para incorporar al pequeño minero a la cadena productiva legal, pero advierte que el reloj corre en un contexto global donde otros países de la región ya avanzan rápido en la exploración de los minerales que definirán la próxima década industrial del mundo. Colombia, con su cinturón andino y un 97 por ciento de territorio sin explorar, tiene la geología favorable; falta ahora que la institucionalidad acompañe el salto.

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