El aporte y los recuerdos de las familias buscadoras en Samaná —el municipio con más casos de desaparición forzada en el oriente de Caldas— fueron la clave para que Medicina Legal identificara a Liria Mery Bustos y María Erlinda Aguirre
.El municipio de Samaná carga a cuestas con una paradoja dolorosa: pese a ser un territorio rural con una población significativamente menor que la capital del departamento, acumula 518 personas dadas por desaparecidas, una cifra desproporcionada que supera incluso los registros históricos de Manizales (444 casos)

En medio de este escenario, donde el conflicto armado dejó heridas profundas, cada cuerpo recuperado e identificado representa una victoria contra el olvido
Esa resistencia rindió frutos en el corregimiento de Florencia. Allí, tras dos décadas de zozobra e incertidumbre, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) entregó dignamente a sus seres queridos los restos de dos jóvenes: Liria Mery Bustos y María Erlinda Aguirre.
La historia de este regreso comenzó a tejerse en el cementerio local en 2024, cuando los equipos forenses adelantaron las labores de prospección y exhumación. Sin embargo, la ciencia no actuó sola; la brújula principal fueron los recuerdos íntimos que sus familias resguardaron por casi veinte años.
En el caso de Liria Mery Bustos, desaparecida en 2005 cuando apenas tenía 20 años, el motor de la búsqueda fue su propia hija. Cuando Liria Mery fue arrebatada por la guerra, la niña no alcanzaba el año de vida. Aunque no tuvo la oportunidad de conocerla en vida, dos décadas después estuvo de pie junto a la fosa en el camposanto, acompañando a los antropólogos forenses.
Junto a ella estuvo Jhon Jairo Bustos, hermano de Liria Mery. Su memoria visual fue determinante: un detalle morfológico inconfundible —su frondosa y extensa cabellera— permitió al equipo orientar las hipótesis de identidad en campo que más tarde corroboraría el Instituto Nacional de Medicina Legal.
«Hoy es un sentimiento de alegría y de tristeza, pero es algo bueno porque uno ya sabe que está descansando», expresó Jhon Jairo al concluir la entrega, invitando a los cientos de familias que aún buscan en la cordillera a no desmayar ni perder la esperanza.
La pista del pequeño cofre
Una huella similar guio la identificación de María Erlinda Aguirre, quien tenía 26 años cuando desapareció en 2006. Los testimonios de sus familiares indicaban que María Erlinda se encontraba probablemente en estado de gestación al momento de los hechos.
Durante la exhumación en 2024, los peritos forenses hallaron junto a sus restos un pequeño cofre inhumado. El relato de los antiguos sepultureros y jornaleros del cementerio despejó las dudas: en las prácticas funerarias tradicionales de la región, ese cofre se utilizaba para inhumar a mujeres que fallecían embarazadas. Ese detalle ritual, sumado al cotejo científico, permitió devolverle su nombre y su dignidad.
Samaná: epicentro de la búsqueda humanitaria
El caso de Florencia no es aislado, sino parte de una deuda histórica. En el departamento de Caldas se contabilizan al menos 3.226 personas dadas por desaparecidas, de las cuales 1.657 corresponden al Plan Regional de Búsqueda del Oriente de Caldas.
Para el investigador de la UBPD Julián Arango, la intervención en esta subregión es prioritaria: “Samaná es un punto neurálgico de búsqueda. La articulación permanente con las comunidades y las familias no solo es metodológica, es esencial para devolverles la identidad a quienes la violencia pretendió borrar”.
Con el retorno de Liria Mery y María Erlinda a la tierra que las vio nacer, sus hogares cierran una etapa de duelo suspendido y reafirman que la búsqueda humanitaria y extrajudicial en el oriente caldense avanza, fosa a fosa, gracias al testimonio vivo de sus dolientes.
Fuente: UBPD










