En el marco del Día Internacional de la Diversidad Biológica, celebrado el pasado 22 de mayo, Greenpeace Colombia lanzó una contundente advertencia sobre el impacto devastador que la deforestación en la Amazonía colombiana está generando sobre la fauna silvestre. La organización ambientalista puso el foco en la producción ganadera, que al expandirse sobre el bosque tropical, está condenando a tres especies emblemáticas de la región: el jaguar, la nutria gigante y el águila arpía, al ver destruidos sus refugios naturales y zonas de reproducción. Laura Caicedo, coordinadora de Campañas de Greenpeace Colombia, fue la encargada de exponer el panorama crítico que amenaza el equilibrio de este ecosistema vital para el planeta.
La transformación de los bosques en potreros para el ganado no solo elimina la cobertura vegetal, sino que fragmenta los corredores biológicos y altera los cauces de los ríos, destruyendo los sitios de anidación y reproducción de diversas especies. El jaguar, que requiere grandes extensiones de selva continua para deambular y cazar, se enfrenta a poblaciones cada vez más aisladas, lo que incrementa los conflictos con las comunidades humanas al verse obligado a buscar alimento en zonas habitadas. De igual forma, la nutria gigante, que depende de la vegetación ribereña para excavar sus madrigueras, sufre las consecuencias de la erosión y la sedimentación de los ríos provocadas por la pérdida de bosque, además de la contaminación por mercurio proveniente de la minería ilegal.
Especies al límite
El águila arpía, una de las aves rapaces más poderosas del mundo, depende de los grandes árboles emergentes que sobresalen del dosel del bosque para construir sus nidos, ubicados a alturas que oscilan entre los 20 y 40 metros. La tala selectiva de estos árboles de gran porte elimina sus sitios de anidación durante años, lo cual es crítico considerando que esta especie pone muy pocos huevos y que, en condiciones normales, solo un polluelo logra sobrevivir. La pérdida de árboles de gran tamaño representa así un golpe casi letal para una especie cuyo ciclo reproductivo es sumamente sensible y tiene una baja tasa de supervivencia de sus crías.
La situación llevó a Caicedo a enfatizar la relación intrínseca entre la biodiversidad y las decisiones territoriales que se toman en el país. En ese sentido, la coordinadora de Greenpeace Colombia expresó que «la biodiversidad no está separada de las decisiones que tomamos sobre el territorio. Cada hectárea de bosque que se transforma puede significar la pérdida de alimento, refugio, corredores y lugares de reproducción para especies que cumplen funciones esenciales dentro de los ecosistemas». Con estas palabras, la organización no solo busca crear conciencia sobre la situación, sino que exige al Estado colombiano fortalecer la protección de los bosques, exigir el conocimiento del origen de los productos agropecuarios y frenar de manera decidida la expansión de la ganadería sobre los ecosistemas amazónicos.










