Cinco muertos al estrellarse avioneta de misión médica en el cerro Tatamá

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Una profunda consternación embarga a la aviación colombiana tras confirmarse el hallazgo de los restos de la aeronave Cessna T206, con matrícula HK-4985, que se encontraba desaparecida desde la mañana del pasado domingo 13 de septiembre. La nave, operada por la Patrulla Aérea Civil Colombiana y que transportaba a cinco ocupantes en una misión médica de la fuerza pública entre Condoto (Chocó) y Guaymaral (Bogotá), fue localizada en la tarde del lunes en el cerro Tatamá, una zona montañosa de difícil acceso que marca el límite entre los departamentos de Chocó y Risaralda. El presidente Abelardo de la Espriella confirmó la tragedia a través de un mensaje en su cuenta de X, en el que expresó sus condolencias a las familias de las víctimas, cuyos cuerpos aún no han podido ser rescatados debido a las complejas condiciones del terreno.

La última comunicación con la torre de control se registró a las 9:23 de la mañana del domingo, momento tras el cual se perdió todo contacto. Inmediatamente, la Aeronáutica Civil activó el protocolo de Búsqueda y Salvamento, y un helicóptero que despegó desde Rionegro logró divisar los restos de la aeronave en medio de la espesa vegetación y las pronunciadas pendientes del cerro Tatamá. Las autoridades investigan las causas del siniestro, que se suman a un año trágico para la aviación colombiana, que ya contabiliza once accidentes aéreos en 2026, una cifra que enciende las alarmas sobre la seguridad operacional del sector.

Un año de dolor para la aviación nacional

El accidente de septiembre, que enluta a la fuerza pública y a la misión médica que transportaba, se suma a una larga cadena de tragedias ocurridas durante los últimos meses. El 10 de enero, una avioneta Piper Navajo se estrelló en Paipa (Boyacá) tras sufrir una falla técnica durante el despegue, cobrando la vida de seis personas, entre ellas el reconocido cantante de música popular Yeison Jiménez. Apenas unas semanas después, el 28 de enero, un Beechcraft 1900 que operaba para Searca y Satena en la ruta Cúcuta–Ocaña se precipitó a tierra con un saldo de quince víctimas mortales, entre las que se encontraban el representante Diógenes Quintero Amaya y el candidato Carlos Alcedo Salazar; los peritos de la Dirección Técnica de Investigación de Accidentes apuntan a una pérdida de autonomía de vuelo antes del impacto, y localizaron la caja negra para profundizar en las pesquisas.

La tragedia más grave del año ocurrió en marzo, cuando un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Colombiana se desplomó en Puerto Leguízamo (Putumayo), dejando 69 muertos y 57 heridos entre los más de 120 ocupantes. Ya en junio, otra aeronave Cessna 206, con matrícula HK 2521, se estrelló a las 9:37 de la mañana en la vereda El Cairo, en zona rural de Villavicencio, sin que se registraran sobrevivientes entre sus cuatro ocupantes, el piloto Germán Galindo y los pasajeros César López, Marcelo Ortiz y Diana Gama.

Frente a esta escalada de siniestros, la Organización de Aviación Civil Internacional ha pedido a Colombia reforzar los enfoques preventivos en la gestión del tráfico aéreo y el mantenimiento de las aeronaves. La Aeronáutica Civil, por su parte, asegura que la frecuencia de incidentes se ha mantenido estable durante las últimas dos décadas, aunque la sucesión de fatalidades ha puesto el foco sobre las condiciones de seguridad en las rutas más complejas del territorio nacional. Mientras los equipos de rescate intentan llegar al cerro Tatamá para recuperar los cuerpos de las cinco víctimas de la última tragedia, el país entero sigue con atención las investigaciones que deberán esclarecer qué ocurrió en esa ruta montañosa, y espera que estas nuevas pérdidas se conviertan en un punto de inflexión para evitar que la estadística vuelva a repetirse.

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