Sequía e incendios en Tolima reducen caudales de ríos y devastan cultivos del tamal

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La sequía que azota al Tolima, agravada por el fenómeno de El Niño y temperaturas que han alcanzado los 40 grados Celsius, ha provocado una drástica reducción en los caudales de ríos estratégicos y la devastación de más de 50.000 hectáreas por incendios forestales, afectando gravemente los cultivos de hoja de cachaco, insumo esencial para la preparación del tradicional tamal tolimense. Según reportes de Cortolima al inicio de este mes, el río Gualí ha disminuido su caudal en un 53 %, el río Saldaña en un 24 % y el río Magdalena en un 10 %, mientras que en municipios como Coyaima, San Luis, Ortega, Suárez, Carmen de Apicalá, Ataco y Prado las llamas han arrasado miles de hectáreas. La directora general de Cortolima, Olga Lucía Alfonso, explicó que la corporación ya expidió en mayo una resolución para priorizar el consumo humano del agua, prohibir las quemas controladas en áreas abiertas y legalizar pozos profundos o aljibes como medida de contingencia ante la emergencia que, según pronósticos, podría extenderse hasta los primeros meses del próximo año.

El impacto en la producción agrícola es especialmente crítico en la vereda Los Totarcos, en Coyaima, donde se han quemado aproximadamente 2.600 hectáreas de hoja de cachaco, reduciendo la producción local a solo un 30 % de lo normal. El alcalde de Coyaima, Luis Orlando Ortiz, señaló que cada semana se pierden entre 300 y 400 millones de pesos por las cargas de hoja que solían enviarse a Bogotá, y que en la actualidad apenas se alcanza un 30 % de la producción habitual. Las altas temperaturas y la sequía persistente han generado pérdidas económicas millonarias para las familias que dependen de este cultivo, que es la base de la hoja utilizada para envolver los tamales tolimenses, un plato emblemático de la región.

«Encontramos que hay unas corrientes hídricas que han disminuido su nivel, por ejemplo el río Gualí en un 53 %, el río Saldaña un 24 % y el río Magdalena ha disminuido su corriente hídrica en un 10 %».

Olga Lucía Alfonso, directora general de Cortolima

La emergencia no solo afecta los caudales y cultivos, sino que mantiene en vilo a varias comunidades. Mientras los incendios en San Luis, Ortega, Suárez y Carmen de Apicalá han sido controlados, en Ataco y Prado las llamas continúan activas. En Prado, las autoridades desplegaron apoyos en tierra, un helicóptero de la Fuerza Aérea y dos aeronaves de la Policía para combatir el fuego, mientras que en Ataco persisten dos focos: uno cerca del casco urbano y otro en la vía hacia Planadas. El director de Gestión del Riesgo del Tolima, Luis Alberto Cárdenas, ha reiterado el llamado a la población para evitar cualquier actividad que pueda generar nuevos focos de incendio, como las quemas controladas, y ha insistido en la necesidad de racionar el agua para garantizar el consumo humano.

La situación es un golpe directo a la economía regional y a la tradición gastronómica tolimense, ya que la hoja de cachaco es un insumo irremplazable para la elaboración del tamal. Con una producción actual que apenas alcanza el 30 % de lo normal y pérdidas semanales millonarias, los productores advierten que si la sequía se prolonga, como se teme, el desabastecimiento podría afectar no solo a los mercados locales sino también a ciudades como Bogotá, que dependen de estas cargas. Las autoridades continúan monitoreando los afluentes y combatiendo los incendios con el apoyo de aeronaves, en una lucha contra el tiempo para mitigar los efectos de una temporada seca que no da tregua.

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