Receta de torrejas de queso y bocadillo, fritura tradicional de la región Andina

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Las torrejas de queso y bocadillo veleño se consolidan como una de las preparaciones más representativas de la merienda casera en la región Andina colombiana, especialmente en los departamentos de Santander y Boyacá. Esta fritura tradicional, que combina la masa dulce con el queso campesino y el bocadillo de guayaba, requiere un tiempo total de 75 minutos de preparación, incluyendo 30 minutos de reposo de la masa, y rinde 12 unidades, suficientes para cuatro personas como porción de merienda.

La elaboración comienza con la mezcla de ingredientes secos como harina de trigo, azúcar, polvo de hornear y sal, a los que se incorpora mantequilla, un huevo y agua fría hasta formar una masa homogénea. Tras reposar media hora, se estira la masa y se corta en tiras, en las que se enrollan bastones de queso campesino y bocadillo veleño, sellando bien los extremos para evitar que el relleno se derrame durante la fritura. Luego se fríen en aceite caliente hasta que adquieren un color dorado uniforme, cuidando de no quemar el exterior mientras el interior queda crudo.

Valor nutricional y recomendaciones de conservación

Cada torreja aporta aproximadamente 195 calorías, 11 gramos de grasas, 22 gramos de carbohidratos y 4 gramos de proteínas, cifras que varían según los ingredientes específicos utilizados. Para conservar su textura crocante, se recomienda no recalentarlas en microondas; en su lugar, es preferible usar horno o air fryer. Las torrejas pueden mantenerse en nevera hasta dos días en un recipiente cerrado, o congelarse crudas, antes de freír, hasta por un mes, lo que permite tener este plato típico listo en cualquier momento.

La técnica clave para el éxito de esta receta tradicional está en el sellado perfecto de los extremos, que impide que el queso se salga durante la cocción, y en el control de la temperatura del aceite, factor determinante para lograr un dorado parejo sin que la masa quede cruda por dentro. El bocadillo veleño, hecho de guayaba madura y producido de manera artesanal en Santander y Boyacá, le otorga un contraste dulce y ácido que complementa a la perfección la cremosidad del queso campesino, una combinación que ha perdurado por generaciones en la merienda de los hogares andinos.

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