Colombia retira candidatura de Olarte-Bácares, la única aspirante latina a la CPI

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El Gobierno de Colombia decidió retirar la candidatura de la exembajadora Carolina Olarte-Bácares para integrar la Corte Penal Internacional (CPI), una determinación que ha desatado una ola de críticas por parte de excancilleres, senadores y analistas políticos. La jurista, quien se desempeñó como embajadora de Colombia ante los Países Bajos y era la única aspirante de América Latina y el Caribe entre los once finalistas para ocupar uno de los seis cargos de magistrado que se elegirán entre el 7 y el 17 de diciembre de 2026 en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, se enteró de la decisión a través de un Estado parte del estatuto, sin recibir comunicación directa del Ejecutivo.

La noticia cayó como un baldado de agua fría en los círculos diplomáticos y políticos del país. Olarte-Bácares, quien había obtenido una de las puntuaciones más altas del panel técnico de evaluación y llevaba cuatro meses inmersa en un riguroso proceso de selección que incluía la presentación de informes, reuniones preparatorias y un examen ante el comité de selección, fue informada indirectamente. “…me enteré por un Estado parte del estatuto que acababan de notificarle el retiro a la corte y a los demás Estados parte”, relató la exembajadora al medio español El País América.

Reacciones contundentes desde el espectro político

Luis Gilberto Murillo, quien fungió como canciller durante el gobierno de Gustavo Petro —bajo cuya administración se presentó originalmente la postulación de Olarte-Bácares—, calificó la medida como un golpe a la presencia de Colombia y de toda la región en un escenario clave para la justicia internacional. “Se deja a Colombia y a la región sin la posibilidad de representación en un escenario tan importante y se priva a la CPI de la que sería, sin duda, una gran juez internacional”, afirmó Murillo, quien además recordó haber colaborado con Olarte-Bácares en la preparación de la solicitud de opinión consultiva ante la Corte Internacional de Justicia sobre cambio climático.

“Se deja a Colombia y a la región sin la posibilidad de representación en un escenario tan importante y se priva a la CPI de la que sería, sin duda, una gran juez internacional”

Luis Gilberto Murillo, excanciller

Desde el Congreso, la senadora del Pacto Histórico Isabel Zuleta también arremetió contra la decisión. “Este ilegítimo gobierno acaba de privar a nuestro país de tener un miembro en la Corte Penal Internacional”, declaró, aunque cabe precisar que la candidatura fue impulsada originalmente por el Grupo Nacional ante la Corte Permanente de Arbitraje (CPA), según sostiene la misma legisladora, y no existe una aclaración oficial sobre los motivos del retiro.

Críticas de exfuncionarios y analistas internacionales

El exembajador y exvicecanciller Jorge Rojas destacó el altísimo perfil de la aspirante: “La embajadora Carolina Olarte-Bácares había obtenido una de las puntuaciones más altas del panel técnico”. Por su parte, el estratega político Diego Santos calificó el hecho como “un nuevo episodio de pequeñez del gobierno de Abelardo”, en referencia al presidente Abelardo de la Espriella —aunque el artículo también menciona al gobierno de Gustavo Petro sin aclarar la relación entre ambos mandatarios—. La polémica trascendió fronteras: Guillaume Long, excanciller de Ecuador, expresó su solidaridad con Olarte-Bácares y aseguró que “tiene sobrada capacidad y trayectoria para ser una excelente jueza de la CPI”, vinculando la determinación con una postura crítica frente a la justicia internacional, aunque esa interpretación no ha sido confirmada por el Ejecutivo colombiano.

“Un nuevo episodio de pequeñez del gobierno de Abelardo”

Diego Santos, estratega político

Con el retiro de la única candidatura latinoamericana, la región queda sin representación en la CPI para la elección de los seis magistrados prevista para diciembre de 2026. La falta de una comunicación oficial por parte del Gobierno y la ausencia de una explicación pública sobre las razones de la medida han generado un vacío que alimenta las sospechas entre los críticos, mientras que la exembajadora continúa su carrera diplomática sin el espaldarazo que, para muchos, merecía tras un proceso impecable.

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