Por ÁLVARO QUINTANA
Santa Marta, septiembre 23, 2026_ RAM* _Santa Marta no está paralizada, pero tampoco funciona con normalidad. Parte del comercio regresa, mientras otros empresarios prefieren aguardar a que la seguridad se consolide.
La capital del Magdalena permanece militarizada después de más de 24 horas la advertencia de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. Cadenas de grandes superficies ya comienzan a abrir con acompañamiento de la Fuerza Pública, mientras muchos de los pequeños comercios mantienen sus puertas cerradas. La primera jornada dejó pérdidas estimadas en $39.590 millones para la ciudad.
Soldados y policías custodian este miércoles las calles de Santa Marta, y la ciudad empieza a recuperar su ritmo. Varias cadenas de grandes superficies abrieron con acompañamiento de la Fuerza Pública aunque tiendas, restaurantes, peluquerías y otros pequeños negocios siguen cerrados en distintos sectores a la espera de mayores garantías.

La imagen resume el momento de la capital del Magdalena: Santa Marta no está paralizada, pero tampoco funciona con normalidad. Parte del comercio regresa, mientras otros empresarios prefieren aguardar a que la seguridad se consolide.
El presidente Abelardo de la Espriella ordenó reforzar el dispositivo con 600 policías y 500 militares para Santa Marta, Ciénaga y la Troncal del Caribe, y patrulló él mismo la ciudad durante la noche del martes. “No permitiré que sigan arrodillando a través del terror”, advirtió. La decisión llegó tras una jornada marcada por intimidaciones a comerciantes, afectaciones al transporte y quema de vehículos.
La crisis se desató tras una operación de la Fuerza Pública contra las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, en la que murieron alias ‘Cholo’, señalado por las autoridades como segundo cabecilla de esa estructura, y otros seis integrantes del grupo.
Como retaliación, ese grupo ilegal anunció un paro armado de 48 horas. En la jornada siguiente se registraron bloqueos, vehículos incinerados y amenazas a comerciantes para impedirles abrir.

Así, una confrontación que tiene su origen en zonas rurales terminó trasladada a las calles de Santa Marta.
La reapertura parcial del comercio no significa que el temor haya desaparecido.
Las grandes superficies cuentan con mayor capacidad de vigilancia y ahora tienen el respaldo directo de la Fuerza Pública. Para un pequeño comerciante, en cambio, abrir implica exponer a sus trabajadores, a sus clientes y a su propio negocio mientras persisten las amenazas.
Ese contraste es la cara más visible de la crisis: unos establecimientos levantan sus persianas, otros siguen cerrados y la movilidad en las calles está por debajo de lo habitual.

El Ejército confirmó que mantiene dispositivos de seguridad en sectores estratégicos de Santa Marta y sus corregimientos para responder a las intimidaciones asociadas al paro.
El paro ya tiene precio. Carlos Jaramillo, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena, estimó en $39.590 millones las pérdidas de la primera jornada para la ciudad por la caída de la actividad en comercio, servicios, hotelería, restaurantes y gastrobares.
El balance también dimensiona a cuántas personas alcanza el impacto. Según las cifras de Jaramillo, unas 47.000 personas están vinculadas al comercio, más de 26.000 al transporte y aproximadamente 25.500 a hotelería, alojamiento, bares, restaurantes y gastrobares.
A lo anterior se suma que, según la Cámara de Comercio, cerca del 58 % de la actividad económica de Santa Marta corresponde a actividades informales.

Para quienes viven de las ventas diarias, un día sin trabajar golpea de inmediato el ingreso familiar.
El dato corresponde solo a la primera jornada. El acumulado dependerá de cuánto tarde la normalización y deberá ser confirmado por la Cámara.
El golpe cae también sobre el motor de la economía samaria: el turismo.
Hoteles, restaurantes, operadores, transportadores y comercio dependen del flujo de visitantes, y cualquier caída en las reservas se siente en toda la cadena.
La Cámara de Comercio estima que cerca del 51 % del producto interno bruto de Santa Marta está relacionado con el turismo, y el sector ya advierte posibles efectos sobre las reservas y la llegada de visitantes.
La Alcaldía suspendió las actividades presenciales en sectores considerados de riesgo, y varias instituciones educativas pasaron temporalmente a la virtualidad por las dificultades de movilidad.
En las vías, la primera jornada dejó vehículos incinerados y bloqueos en corredores estratégicos, entre ellos la Troncal del Caribe, eje que conecta a Santa Marta con otros municipios del Magdalena y con La Guajira.
La carga del agro también quedó en la mira, y allí actuó la Fuerza Pública: el Ejército escoltó una caravana de 30 camiones bananeros que se dirigían al puerto de Santa Marta.
La respuesta oficial ha sido aumentar la presencia de la Fuerza Pública y mantener las operaciones contra las estructuras señaladas de los hechos violentos. El Ejército informó, además, la captura de un presunto integrante de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, señalado de actividades relacionadas con explosivos.
Con ese respaldo, Santa Marta vuelve a moverse.
Las grandes superficies abren con seguridad reforzada, los vehículos regresan poco a poco a las vías y parte del comercio levanta sus persianas. Sin embargo, aún hay pequeños negocios cerrados, y la presencia de soldados y policías sigue siendo parte del paisaje urbano.
El paro anunciado por las autodefensas es de 48 horas, pero la recuperación económica puede tomar más tiempo.
Tras una primera jornada con cuantiosas pérdidas estimadas para Santa Marta, el desafío es que comerciantes, trabajadores, estudiantes, transportadores y visitantes recuperen la confianza para retomar sus actividades sin temor.
*Reporteros Asociados del Mundo










