La Piedra del Peñol, el imponente monolito de aproximadamente 220 metros de altura que se erige entre los municipios de Guatapé y El Peñol, en el oriente antioqueño, mantiene su vigencia como uno de los destinos más visitados de Colombia. Para la vigencia 2026, los administradores del atractivo fijaron una tarifa de ingreso de 35.000 pesos por persona, lo que permite a los turistas ascender los 702 escalones que conducen a la cima, desde donde se obtiene una de las panorámicas más impactantes de la región. Este valor se mantiene como el costo de acceso para quienes deseen vivir la experiencia de coronar la roca, un recorrido que se ha convertido en un ritual obligado para viajeros nacionales y extranjeros.
El reconocimiento de este sitio trasciende las fronteras locales. La revista National Geographic incluyó a la Piedra del Peñol entre las grandes maravillas de Colombia que los viajeros deberían visitar, un aval que refuerza su posicionamiento como un emblema del departamento. Ubicada a unos 75 kilómetros de Medellín, la formación rocosa se alza en medio del embalse Peñol-Guatapé, una extensión de agua que supera las 2.200 hectáreas y que ofrece un espectáculo visual inigualable, con sus múltiples islas y los verdes montañas que rodean el paisaje.
Un recorrido que conecta con la historia y el paisaje
La visita al monolito suele complementarse con un recorrido por Guatapé, población vecina que debe gran parte de su encanto a las coloridas fachadas adornadas con los tradicionales zócalos, en los que se representan pasajes de la historia local, costumbres, flora, fauna y oficios de sus habitantes. Pasear por sus calles empedradas, detenerse en la Plazoleta del Zócalo o recorrer la Calle del Recuerdo son actividades que permiten apreciar la identidad cultural de esta localidad. Además, el Malecón, que se extiende a lo largo de aproximadamente 900 metros a orillas del embalse, invita a los visitantes a disfrutar de la gastronomía típica y de la vista de las embarcaciones que surcan las aguas.
La historia del embalse también es parte de la experiencia. La construcción del complejo hidroeléctrico en la década de los setenta significó la inundación parcial del antiguo pueblo de El Peñol, cuyas ruinas aún permanecen bajo el agua. Una cruz sobresale como mudo testigo de esa transformación, un punto de referencia que atrae la atención de los turistas y que rememora la memoria de quienes habitaron la zona. Desde la cima de la Piedra, además de apreciar el laberinto de islas que conforma el embalse, es posible entender la magnitud de esta obra que cambió la fisonomía de la región.
Para los amantes de las actividades al aire libre, Guatapé ofrece opciones que van desde senderismo y ciclismo de montaña hasta cabalgatas y turismo acuático en el embalse. La combinación del imponente monolito con la oferta turística de la zona consolida a este destino como un referente obligado dentro de la oferta turística de Antioquia. Quienes se deciden a subir los 702 escalones encuentran en la cima una recompensa visual que justifica el esfuerzo, pues la vista del agua, las islas y las montañas que se funden en el horizonte se convierte en una postal inolvidable de la geografía colombiana.










