OCDE: docentes de Colombia, más satisfechos que el promedio pese a menor gasto por alumno

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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó este 29 de septiembre su informe anual «Panorama de la Educación 2026», en el que se evidencia un marcado contraste en el sistema educativo colombiano. Mientras los docentes del país reportan niveles de satisfacción laboral y salarial muy superiores al promedio de los países miembros, el gasto por estudiante es apenas una cuarta parte del que realiza la organización, y las horas de clase anuales superan con creces la media internacional.

El informe, que compara indicadores laborales, financieros, de cobertura y demográficos de los sistemas educativos, tiene como base los datos de financiación de 2023, las cifras de formación de adultos y empleo juvenil de 2025, y las proyecciones demográficas a 2033. Según la Encuesta Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje (Talis), el 87,2 por ciento de los docentes colombianos de secundaria inferior se declara satisfecho con su trabajo, frente al 68,4 por ciento del promedio OCDE. En cuanto a la satisfacción salarial, el 63,1 por ciento de los maestros del país se muestra conforme con su remuneración, mientras que en el conjunto de la organización esa cifra apenas alcanza el 38,7 por ciento.

Satisfacción docente y carga horaria

Pese a esa percepción positiva, las condiciones laborales de los educadores colombianos implican una mayor carga. En primaria, los docentes dictan 955 horas de clase al año, frente a las 770 del promedio de la OCDE. En secundaria inferior, la diferencia también es notable: 840 horas anuales en Colombia contra 710 en los países miembros. Esta situación se combina con una dinámica demográfica particular: entre 2015 y 2024, el número de docentes de primaria se redujo un 2 por ciento, mientras que la cantidad de estudiantes cayó un 10 por ciento en el mismo periodo.

De cara al futuro, las proyecciones indican que la población colombiana de 5 a 14 años disminuirá un 9 por ciento entre 2024 y 2033, lo que podría afectar la demanda de docentes y la planeación del sistema educativo en los próximos años.

Brechas en financiación y cobertura

Uno de los datos más contundentes del informe es la diferencia en la inversión por estudiante. En 2023, Colombia destinó 3.398 dólares por alumno en paridad de poder adquisitivo, frente a los 13.601 dólares del promedio de la OCDE. En primaria, el gasto por estudiante fue de 3.526 dólares en el país, contra 12.893 dólares en la organización. En secundaria inferior, la brecha es aún mayor: Colombia invirtió 3.594 dólares por alumno, mientras que el promedio de los países miembros alcanzó los 14.291 dólares.

La formación de la población adulta también refleja un rezago. En 2025, solo el 29 por ciento de los adultos colombianos de 25 a 64 años había completado estudios terciarios, frente al 43 por ciento del promedio OCDE. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, el 26 por ciento no estudia ni trabaja, una cifra que aumentó un punto porcentual en comparación con 2015 y que duplica el promedio de la organización, que se ubica en 13 por ciento.

En educación para la primera infancia, la matrícula en Colombia alcanza el 78 por ciento en 2024, por debajo del 90 por ciento promedio de la OCDE. No obstante, hay avances significativos en la cobertura educativa de la población joven: el porcentaje de personas de 25 a 34 años sin secundaria superior completa se redujo del 27 por ciento en 2019 al 17 por ciento en 2024. La tasa de graduación universitaria en el tiempo teórico previsto es del 16 por ciento, pero asciende a 44 por ciento si se incluyen los estudiantes que se gradúan hasta tres años después.

El informe «Panorama de la Educación 2026», que se publica anualmente con el propósito de dar cuenta del estado de la educación en los países miembros, deja en evidencia que Colombia mantiene brechas estructurales en gasto por alumno, formación de la población adulta, jóvenes desconectados del estudio y el trabajo, y cobertura en la primera infancia. A la vez, el país se destaca por el optimismo de sus docentes, un factor que las autoridades educativas podrían aprovechar para fortalecer la profesión en un contexto de disminución de la población escolar.

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